Que en los albores de 1965 cuando un ingeniero jubilado, allá en Arizona, mirando cómo una mujer iba a recoger los alimentos que tiraban en un supermercado para alimentar a sus muchos hijos, tuvo la idea de crear el primer Banco de Alimentos. De allí pasó a Canadá, Francia y posteriormente España. En 1996 se crea en España la Federación Española de Bancos de Alimentos, que actualmente cuenta con 55 Bancos que dan cobertura a todo el territorio español.

Los Bancos de Alimentos se crean con dos fines sociales: luchar contra el despilfarro de alimentos y trabajar por ayudar a los necesitados. Dos injusticias ancladas en todas las sociedades y especialmente en las desarrolladas, contra las que luchar. Pero los bancos de alimentos no tratan de paliar las mismas desde las teorías sociales o políticas, sino desde la realidad cercana que todos tenemos y en la que interactuamos. No queremos “cambiar el mundo”, queremos, desde la humildad de la acción del voluntariado, paliar el hambre de nuestros vecinos recuperando los alimentos que se tiran en nuestro entorno. Esto sí está en nuestra mano y es nuestra grave responsabilidad.

Son gravísimas las consecuencias humanas, económicas y medioambientales que la sobreproducción de alimentos acarrea, por no hablar de las consecuencias de su inadecuada destrucción y mala utilización. Trabajamos por recuperar esos excedentes de producción, esos alimentos que no pueden salir al mercado por la cercanía de las fechas de consumo preferente, mal interpretadas como fecha de caducidad, o esos miles y miles de kilos que se desprecian porque no cumplen con los estándares de comercialización. Procuramos recuperar todo lo posible para redistribuirlo entre personas que no tendrían capacidad para acceder a los mismos.

Pero, ¿qué hacemos para paliar el despilfarro en los hogares? Aproximadamente en ellos se produce el 42% de los desechos. Las medidas de concienciación a través de medios, aunque son importantes, pero necesaria la implicación de los niños, adolescentes y jóvenes. Son ellos quienes mejor pueden interactuar en sus hogares. Buscamos su compromiso, especialmente en los cursos de primero de bachillerato, mediante grupos de trabajo que investiguen sobre el tema, pidiéndoles que hagan una exposición ante sus compañeros y se impliquen en la lucha contra esta injusticia.

Esto sin bajar la guardia en la lucha contra la pobreza y exclusión. Son aún muchísimas las personas que demandan nuestra ayuda alimentaria, más de 1,2 millones en España. En concreto, en la provincia de Málaga, seguimos atendiendo asiduamente, a lo largo de todo el año, a más de 45.000 personas. La crisis no ha pasado. La escasez de empleo, el empleo precario en muchas ocasiones, las dificultades de familias monoparentales especialmente, el altísimo coste de la vivienda ya sea hipotecas o alquiler, agravan la situación.

La vida digna se consigue mediante un trabajo digno. Para ello actuamos en colaboración con gran cantidad de empresas de diversos sectores para hacer posible la inserción socio laboral de estas personas. Nuestro proyecto en Málaga ha conseguido dar trabajo a más de 460 personas en los últimos cuatro años con unos recursos muy limitados.

Por último, hacer mención a que Bancosol ha dado un importante paso al convertirse en el primer Banco de Alimentos en ser socio signatory del Pacto Mundial, comprometido con los ODS, como no podía ser de otra manera, ya que están en nuestro ADN desde el mismo instante de la constitución de los Bancos.

Joaquín Jesús Jiménez Jiménez  | Presidente de Bancosol Alimentos

Artículo incluido en el número de enero de la revista Agenda de la Empresa