logoLa Real Academia de Ingeniería recomienda al sector industrial que aumente el número de investigadores orientados a la tecnología, ya que ello contribuiría a una mayor interiorización de la I+D en el sector 

 

Primar la relevancia sobre la excelencia, que la tecnología y el desarrollo tecnológico ocupen el lugar que les corresponde (en paralelo al desarrollo científico, nunca detrás), crear empleo cualificado y una gestión de la actividad investigadora no fragmentada, donde la ilusión por el riesgo predomine sobre la incredulidad y la desconfianza. En estos cuatro puntos se encuentra en gran parte del “antídoto” que España debe aplicar, sin  dilación, para alcanzar el liderazgo tecnológico. Y así lo recomienda la Declaración Institucional sobre I+D recientemente aprobada por el pleno de la Real Academia de Ingeniería.

“La RAI ha dado un paso adelante, pronunciándose sobre el modelo de I+D de nuestro país. Una de las claves de nuestra Declaración es la necesidad de incorporar a las filas del sector privado, industrial y de servicios, un mayor número de investigadores que trabajen en acciones y actividades de desarrollo tecnológico, para rentabilizar las inversiones en investigación y para mejorar la capacidad de innovación”, afirma el Presidente de la Real Academia de Ingeniería, Elías Fereres.

A lo largo de las 22 páginas de que consta esta Declaración Institucional, los 60 académicos de la RAI hablan alto y claro, de forma firme pero sin estridencias. Reivindicando el lugar que les corresponde a las acciones y actividades de Desarrollo Tecnológico dentro del modelo investigador.

 La D no es un aderezo cosmético de la I

Un primer paso es dejar de interpretar la “D” de Desarrollo Tecnológico como un mero “calificativo cosmético” de la “I” investigadora. Ante el fenómeno de la globalización que conlleva la deslocalización de las fábricas, los académicos de la RAI -muchos de ellos a medio camino entre la universidad y la industria- recomiendan que el país se centre más en la generación de conocimiento y en el desarrollo tecnológico. Sólo así podremos ser creadores netos de empleo cualificado y sostener el crecimiento económico.

 El diagnóstico de la RAI, además de poner en valor la ciencia desarrollada, pone el foco de atención sobre el sector industrial. Este tiene que interiorizar más la I+D, aumentando el número de investigadores y generadores de tecnología vinculados al mismo. Sería una forma de que la industria española aumentara su porcentaje de inversión en actividades I+D con respecto a la inversión pública autonómica, nacional y de la Unión Europea.

La visión que los académicos tienen de la ingeniería en España está muy relacionada con este problema, que “lastra” los tremendos esfuerzos que vienen realizando hasta la fecha las diversas administraciones.

Es importante destacar que la Real Academia de Ingeniería no reclama un nicho específico y aislado en los planes de I+D y en competición con la actividad científica. Lo que propone la RAI es que la actividad de ingeniería esté presente desde la validación de conocimientos hasta el final del desarrollo tecnológico. Y no tan sólo en las etapas del proyecto con preponderancia del sector productivo.

 Propuestas para rentabilizar esfuerzos….

Balance en  ejecución del gasto entre Investigación y Desarrollo Tecnológico. Un balance que no ha estado claro en el pasado. Los indicadores  recogen normalmente cifras acumuladas de toda la I+D. Es el momento ya de conocer la dimensión y relevancia respectiva de la Investigación, por un      lado, y del Desarrollo Tecnológico por otro, en términos de      coste-beneficio.

Nuevos  indicadores para complementar los criterios de productividad científica en I+D. Que incluyan, por ejemplo, la elaboración de  demostradores, la creación de empleo estable, o la participación activa y comprometida de actores del sector industrial y productivo desde el  comienzo de la actividad de Desarrollo Tecnológico en I+D. Priorizando, además, relevancia versus excelencia.

Evitar la costosa y poco eficiente fragmentación en los financiadores públicos. Con una evaluación única y con un colectivo de revisores/expertos formados por todos los actores de I+D. También el sector privado presenta  el mismo problema en la toma de decisiones sobre este tipo de actividades.

Fomentar la cultura de la ingeniería y la tecnología. La  mayor demanda de los  estudiantes de ingeniería en la formación opcional se dirige a la gestiónde empresas y negocios, en detrimento de conocimientos tecnológicos y científicos.

Es necesario  prolongar la vida profesional en actividades de ingeniería en I+D.  Evitando la situación actual  donde alcanzada la edad de 40 años, el profesional técnico se ve  prácticamente obligado a pasar a tareas de gestión para mantener o mejorar su nivel retributivo y progresar en su carrera profesional.

Reducir al  máximo la precariedad laboral en actividades de  Desarrollo Tecnológico.

  …. y no caer en “agujeros negros”

el argumento  de que los parámetros científicos no son adecuados para evaluar la actividad en desarrollo tecnológico se utiliza con demasiada frecuencia para  esconder mediocridad.

El interés de la industria en una actividad de I+D no es un mérito “per se” de la actividad. Máxime cuando se limita en general a meras cartas de intención, sin ningún compromiso en el riesgo que toda actividad de I+D entraña.

El proceso  de selección, seguimiento y valoración final de los proyectos es más difícil cuando la actividad es Desarrollo Tecnológico. La gestión,  tanto pública como privada, parece no tener experiencia suficiente en el  tema, lo que dificulta aún más la solución del problema.

En el diseño por etapas de un sistema nacional de calidad en I+D, no está claro que ha de conseguirse primero, si la calidad en ciencia o la calidad en ingeniería. Argumentos socio-económicos, alejados de la excelencia científica, parecen aconsejar lo segundo.

Alemania estima en más de 800.000 los ingenieros necesarios para mantener su liderazgo industrial en el continente. Economías emergentes como China e India, además de producir un alto número de graduados en estudios de ingeniería, envían al extranjero un número elevadísimo de estudiantes para ampliar estudios de ingeniería, al margen de su titulación de origen.

Y sin embargo, en nuestro país, la ingeniería está insuficientemente valorada y en muchos casos erróneamente evaluada en el proceso de la toma de decisiones relacionado con la I+D. Sin desarrollo tecnológico, la generación de conocimiento tendrá, como ocurre ya, un efecto muy limitado en la economía, afectando seriamente el crecimiento industrial y mermando su capacidad o su robustez ante la innovación tecnológica.