Hay palabras corrientes cuyo significado damos por obvio. Casi parece insultante preguntar a una persona qué entiende por igualdad, por solidaridad o por feminismo… Sin embargo, con poco que uno indague descubre, no solo que damos contenidos diferentes a palabras continuamente empleadas, sino que esos diferentes sentidos hacen a veces muy difícil el poder hablar y entendernos.

Es lo que ocurre con dos términos frecuentes en el mundo en que me he movido: ética y moral. Cuando comencé a impartir -hace ya bastantes años- una asignatura de ética social y empresarial a alumnos de ciencias empresariales, pronto advertí que ellos tendían a ver detrás del término moral un conjunto de prohibiciones. Y concluían: todo lo que esté fuera del ámbito de lo prohibido es moral. ¿No es una visión muy pobre? Más pobre todavía cuando quien prohibía era el Derecho positivo: todo lo que no estaba prohibido por la ley podía considerarse moralmente correcto. ¿Solo eso es la moral, tanto en el ámbito personal, como en el profesional o en el público?

Una versión algo más rica, pero todavía insuficiente, tiende a interpretar lo moral o lo ético como lo que está mandado, positivamente ordenado: “haz esto”. Detrás de esta orden puede estar Dios (desde una perspectiva religiosa), la razón humana (óptica filosófica) o el legislador (punto de vista jurídico). También me parece una visión empobrecedora y raquítica de la ética. No diría que falsa, pero sin duda insuficiente, no a la altura del carácter humanizante de la ética.

En la tradición más antigua de la filosofía moral el enfoque era diferente. Todavía es hoy imprescindible recurrir aquí a Aristóteles. Aunque el siglo IV a. C. puede parecernos ya muy lejano, su concepción de la ética sigue siendo referente obligado. Él definía la ética como la búsqueda de la felicidad en cuanto dinamismo esencial de la naturaleza humana. También el término felicidad admite contenidos diversos. Pero cabría sintetizarlos todos en torno a lo que es la aspiración más profunda del ser humano. No estamos, pues, ante mandatos, sino ante algo que atrae y motiva, ante un horizonte que se despliega para que el sujeto vaya poniendo en juego su libertad y su creatividad.

Ya tenemos los datos esenciales para diferenciar dos concepciones de la ética: ética del deber y ética de la felicidad. La segunda, más antigua en el tiempo, ha tendido a ser sustituida por la primera: Kant fue el principal exponente de esta ética centrada en el deber, que ha encontrado un apoyo indiscutible en el Derecho positivo. Son dos formas de entender la ética que en principio se dirían contrapuestas, pero que en el fondo son complementarias.

La ética del deber se concreta en normas. Y las normas, en cuanto tales, aspiran a ser universales. En ese sentido, son una base insustituible para la convivencia de los seres humanos.

Pero la ética de la felicidad pone el acento en la realización del sujeto humano en cuanto tal a partir de un modelo. Y ese modelo tiene mucho de personal e intransferible (aquello a lo que uno aspira en la vida, su ideal de vida), pero es a la vez compartido. Para diseñarlo entran en juego las grandes tradiciones religiosas, y también otras laicas.

Toda tradición religiosa tiene una dimensión ética, aunque no se reduzca a ella. Lo vemos en el cristianismo. Lo esencial en él no son las normas morales, aunque muchas veces se lo interprete así en la práctica. Es más esencial en él un ideal de persona, que queda plasmado en el amor y desarrollado, por ejemplo, en el sermón de la montaña del evangelista Mateo.

Pero hay otras tradiciones que son laicas. Dos históricamente relevantes: liberalismo y marxismo. Ambas implican una antropología que es, al mismo tiempo, un proyecto humano. O más recientemente: feminismo y ecologismo. Todas ellas son mucho más que prohibición o mandato: son horizonte, ideal o conjunto de valores. ¿No orientan el comportamiento humano, con más profundidad y riqueza que un código de prescripciones?

Ildefonso Camacho SJ | Universidad Loyola Andalucía

Artículo incluido en el número de abril de la revista Agenda de la Empresa