Los documentos oficiales de la Iglesia están volviendo a tener mayor eco público, sin duda gracias a la personalidad del Papa actual y a su estilo directo y polémico. Este mayor eco no siempre conlleva aprobación: muchas veces se manifiesta en reacciones bastante críticas.

Personalmente, Fratelli tutti me parece un texto digno de atención. Y creo sería útil identificar -desde mi perspectiva personal- el marco de probables e inevitables polémicas. Me atrevería a formularlo con el título de esta página: fraternidad frente a individualismo. Ante un mundo que evoluciona inspirado por una visión individualista de todo, se propone otro basado en la fraternidad. ¿Qué se oculta bajo esos dos términos, que son más que meras palabras abstractas?

El análisis de la realidad actual, del que parte Francisco, constata y denuncia un giro en estos últimos años: vivíamos una etapa de progresiva integración; hoy nos encontramos en un proceso inverso, de división y fragmentación. Nos encaminamos hacia un mundo marcado por lo individual. Dominan los intereses particulares, lo propio frente a lo diferente: individuos aislados, meros espectadores, que se refugian en el consumo; sociedades que solo piensan en sí mismas y se cierran a acoger al extranjero, al inmigrante; colectividades enrocadas en un nacionalismo excluyente y violento.

En esta enumeración se intuyen a quiénes se dirigirán las críticas de Francisco: al individualismo y al consumismo, al nacionalismo cerrado, al populismo y al liberalismo. Todos se benefician y promueven sociedades más individualistas, más fragmentadas, más desarticuladas.

Pero esta crítica no se queda ahí. Se atreve a identificar responsables. Son los poderes fácticos (económicos, políticos, incluso religiosos…), que actúan con menos trabas cuanto más fragmentadas estén las sociedades, más adecuadas para ser manipuladas. Por eso se promueve el mercado libre, se rechazan los acuerdos multilaterales, se homogeneiza la cultura y se destruye todo lo que da identidad a un pueblo hasta deslegitimar el concepto mismo de “pueblo”. Más aún, se promueve un relativismo ético que permite imponer ideas y criterios en función de intereses particulares (al faltar un referente trascendente, por encima de todo interés o poder).

¿Qué significa la fraternidad como alternativa? Un mundo inspirado por otra concepción de la persona, no encerrada en el individualismo, sino abierta al otro. Porque el ser humano no se constituye como individuo, y luego se relaciona con sus semejantes. La persona ni se entiende ni se desarrolla sin relación con el otro, en una relación que es cálida y humana. Aquí entra en juego lo que es el amor, como experiencia profunda de entrega generosa y desinteresada, que se vive con toda intensidad en las relaciones más íntimas, pero que es capaz de inspirar también otros niveles de apertura al distinto y diferente. Por eso el sustantivo fraternidad se acompaña en el texto pontificio tantas veces del adjetivo universal.

Fraternidad universal remite a la familia humana. Y en ella todos nos reconocemos como personas, con un valor que deriva, no de condiciones económicas, raciales o de otro tipo, sino del hecho elemental de ser humanos. Este es el principio ético repetido insistentemente en todo el documento, que debe ser el criterio primero para organizar a las sociedades y diseñar sus instituciones y las relaciones entre ellas: la dignidad de toda persona por el hecho de serlo.

La fraternidad va más allá de la libertad y la igualdad. Impide que la libertad sea expresión del individuo aislado, capaz de desarrollarse solo en confrontación con los demás; no, la libertad se realiza últimamente en el amor, aunque tenga otras expresiones. E impide también que la igualdad se reduzca a la fría coexistencia de individuos iguales en derechos y yuxtapuestos entre sí; no, la igualdad es un estímulo para la relación estrecha y personal.

Desde la fraternidad y sus limitaciones y fracturas se entienden mejor las propuestas referidas al perdón, la reconciliación o el diálogo auténtico. También las reservas de fondo a la guerra o a la pena de muerte. No podemos entrar en los detalles…

Ahí quedan estos apuntes que podrían dar ocasión a no pocos debates. Sería una buena vía para que la utopía de la fraternidad cale en nuestro mundo.

Ildefonso Camacho SJ | Universidad Loyola Andalucía

Artículo incluido en la edición de noviembre de Agenda de la Empresa