Es posible que la expresión “Economía de Francisco” suene a pretenciosa. ¿Es que el Papa tiene una teoría económica propia o un modelo económico diferente que proponer? No, no se trata de nada de eso. Tal expresión se refiere solo a un encuentro que Francisco ha promovido.

Su carta de invitación (1 mayo 2019), dirigida a “los jóvenes economistas, emprendedores y emprendedoras de todo el mundo”, comenzaba así:

“Os escribo para invitaros a una iniciativa que he deseado tanto: un evento que me permita encontrar a quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda. Un evento que nos ayude a estar juntos y conocernos, que nos lleve a hacer un ‘pacto’ para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”.

Se propone poner en marcha una iniciativa para encontrarse y conocerse. A ella se convoca a jóvenes, todavía en formación o en los inicios de su carrera profesional, que se preguntan, inquietos e inconformes, por una economía nueva y diferente para el futuro. ¿Qué economía? Francisco la describe así: “que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda”. En estas contraposiciones se encierra una denuncia de la economía actual de claro carácter ético, denuncia que ya le hemos oído y leído en numerosas intervenciones.

Pero Francisco no quiso quedarse en la crítica. Tampoco tiene una alternativa global que ofrecer. Pero piensa que hay muchas iniciativas en el mundo que están inspiradas por otros valores y otros enfoques, a las que conviene ofrecer un espacio para el encuentro. Cada una de ellas es, en sí misma, insignificante, irrelevante. Todas juntas nos abren a un mundo diferente, alternativo.

Quedó atrás la época de los grandes debates sobre sistemas económicos alternativos (capitalismo vs. socialismo). Lo que ahora se abre paso es distinto: el debate de alternativas dentro de ese sistema único, que parece imponerse con su lógica incuestionable.

Pero la realidad es más compleja. Esconde otras muchas cosas, que no dejan de existir aunque queden eclipsadas por la fuerza de lo que domina. Esas “otras cosas” cree Francisco -y no solo él, lo que explica que su iniciativa haya encontrado tanta acogida- que son merecedoras de una mayor visibilidad. No pide sustituir, sino reconocer y sacar consecuencias.

En el proceso de preparación del encuentro (que se ha celebrado en noviembre y con carácter virtual, por causa de la pandemia) se ha trabajado en doce “aldeas” (villages). Término expresivo de lo irrelevante: ¿no lo es la aldea frente a otros asentamientos urbanos? A cada aldea se ha asignado un tema, formulado de modo bipolar para enunciar paradojas y tensiones, extremos que a primera vista parecen incompatibles: gestión económica y don, finanzas y humanidad, trabajo y cuidado, ganancia y vocación…

Detrás de estas bipolaridades se esconde la complejidad de lo real, muchas veces marcado por tensiones irreductibles. Irreductibles, porque hay que mantenerlas, sin empeñarse en eliminar uno de sus extremos. En efecto, la lógica económica es rigurosa en sus cálculos, pero no puede pretender dominar todos los ámbitos de la vida, tiene que dejarse contrarrestar por una lógica más humana y humanizadora.

Son muchas las personas que han entrado en este encuentro y en su preparación. Son portavoces y testigos de realizaciones alternativas, que quieren armonizar la lógica económica con una lógica más humana: por eso mismo se creen con derecho a ser reconocidas en el espacio económico y social. La iniciativa de Francisco está haciendo que se conozcan entre ellas y que se conocidas en tantos ambientes en que se las ignora.

Me gusta caracterizar la reflexión ética como un tomar distancia de la realidad, no para ignorarla, pero sí para relativizar lo que parece indiscutible y abrir a otros horizontes. A la ética se la cuestiona muchas veces por refugiarse en el idealismo y la utopía. Pero, ¿hubiera habido progreso y humanización en la historia si no hubiera existido la utopía?

Ildefonso Camacho SJ | Universidad Loyola Andalucía

Artículo incluido en la edición de diciembre de Agenda de la Empresa