No nos confundamos con la conciencia, pues la consciencia proviene del griego syneidesis, que significa: con conocimiento y tiene que ver con el conocimiento compartido de algo; creo que nos entendemos, especialmente porque cada vez resulta más difícil conocer, quizás porque nos venden el conocimiento sin tener que elaborarlo individualmente y, obviamente, por no haberse generado desde uno mismo, cuesta mucho compartirlo con los demás.

Por otra parte, las empresas van “locas” buscando talento y el mundo de la educación se prodiga en la extensión de títulos, no siempre avalados por una evaluación a fondo. La consecuencia es que en la sociedad se evidencia que por mucho que se hable de conocimiento y de consciencia, lo cierto es que no sobra, persiste esta ausencia de criterio en todos los niveles que nos está llevando a unas pautas culturales en las que domina la ignorancia sobre el entorno, ya que la sociedad cada vez está más esclavizada por el consumismo salvaje y una enorme incomunicación; solo hace falta salir a la calle y contemplar a la mayoría del primer mundo pegada a su smartphone.

Luego nos contarán el cuento de que la digitalización no es otra cosa que “otra forma” de comunicación y de conocimiento, o bien, que “facilita” el acceso a la cultura, o incluso nos venderán que es lo mejor para la educación de los niños, ¡vaya barbaridad!, ya no tienen en cuenta que todo lo que es malo, la tecnología lo hace peor. Cualquier docente o profesional que tenga que ver con la pedagogía honesta nos dirá que solo se aprende “haciendo” y que no es lo mismo saber, que saber hacer; cierto que la información está en las wikis, pero el aprendizaje está en la calle y la actitud es el resorte que abre la puerta del saber y conocer.

Muchas empresas tienen déficits de consciencia y no lo saben; buscan talento, porque necesitan este conocimiento y esperan que además sea compartido, a fin de que todo el colectivo se beneficie de lo que cada uno sabemos hacer, supongo que quieren mimetizarse en nuestros primitivos ancestros que sobrevivieron hasta aquí porque fueron capaces de compartir lo que aprendieron. Lo que ocurre es que, en la práctica, hacen todo lo contrario, la mayoría de avances que supondrían una mejora en la vida de la gente, están en manos de muy pocos, que esconden la realidad o la comercializan, en vez de crear mecanismos para que fluya y todo el mundo se beneficie de ella.

Por otra parte, muchos padres ignoran que cuando envían a sus hijos a jugar con la tableta o dejan que se emborrachen de imágenes y videojuegos, les están privando de la libertad de pensar, de crear o incluso de compartir con los demás la experiencia lúdica que se produce cuando realmente se comparte el conocimiento con la comunicación, en vez de individualizarla sintéticamente ignorando que solo crecemos interactuando con los demás.

Si no cambiamos la educación hacia un modelo de acompañamiento desde la infancia, a fin de que cada uno pueda descubrir sus habilidades y el tipo de conocimiento más adecuado para convertirse en una persona feliz, desarrollando sus competencias naturales y motivado por lo que puede descubrir desde su propio conocimiento, tendremos personas gregarias y volubles, sin otros valores que la economía de consumo. Me gustaría recordar una frase de Howard Gardner: “es difícil ser un buen profesional, cuando no se es buena persona”, y alguien se convierte en buena persona cuando decide comprometerse con los demás a defender unos valores y una forma de vivir que contribuya a mejorar la vida de todos, esto también es la “consciencia.

Miquel-Bonet-384x253Miquel Bonet  | Abogado, profesor, autor de “Búscate la vida”

Artículo incluido en el número de noviembre de la revista Agenda de la Empresa