Si el carguero llegara a tener una fuga, cerraría durante meses el puerto de Hudaydah, acabando con el acceso a alimentos y bienes esenciales a millones de personas

Desde el inicio del conflicto en Yemen en 2015, un buque carguero con 1,1 millones de barriles de petróleo se encuentra anclado en el Mar Rojo, unos 60 kilómetros al norte del puerto de Hudaydah, frente a las costas yemenitas, sin que se le haya dado ningún tipo de mantenimiento a su equipo o sistema de operación.

La falta de revisión técnica en tanto tiempo ha convertido al navío propiedad de una empresa paraestatal de Yemen en un peligro de que explote, se incendie o derrame el crudo en el mar, causando un desastre ambiental y humanitario que tendría consecuencias en toda la región.

El Secretario General de las Naciones Unidas urgió a no obstaculizar los esfuerzos para mitigar sin demora el riesgo que representa el buque.

A través de su portavoz, António Guterres llamó a que se permita el acceso incondicional de técnicos especializados a la embarcación, conocida como Safer, “para evaluar su condición y realizar cualquier posible reparación”. “Esta revisión técnica daría evidencia científica de los pasos a seguir para evitar una catástrofe”, apuntó.

Guterres manifestó gran preocupación por el daño a los ecosistemas del Mar Rojo de los que dependen unos 30 millones de personas e hizo hincapié en la interrupción de la entrada de comida y pertrechos vitales a Yemen que provocaría el obligado cierre del puerto de Hudaydah si la embarcación llegara a derramar el petróleo que contiene.

Según la información con la que se cuenta, el 27 de mayo pasado empezó a filtrarse agua del mar a la sala de máquinas del buque, lo que podría desestabilizarlo y causar su hundimiento. La gotera pudo contenerse, pero el arreglo no promete durar mucho tiempo, advirtió la ONU.

Las repercusiones trágicas de cualquier siniestro del Safer se sentirían en las condiciones humanitarias de la población en Yemen, que no recibirían la asistencia alimentaria que llega de fuera, pero además tendrían consecuencias económicas en toda la región ya que destruirían el medio de subsistencia de muchas familias y dislocarían el comercio que pasa por esa zona, ya sea hacia los países de la costa del Mar Rojo o para cruzar el Canal de Suez.

La ONU ha recalcado que la explosión del 4 de agosto en Beirut y el reciente derrame de combustible en Mauricio exigen la vigilancia mundial y la toma de medidas urgentes para impedir una pérdida de vidas, medios de sustento y hábitat marinos siempre que sea posible.