Con más de 120 millones de personas en la UE en riesgo de pobreza o exclusión social, los líderes de la UE se han comprometido a sacar al menos a 20 millones de personas de la pobreza y la exclusión social para 2020. La lucha contra la pobreza y la exclusión social es el corazón de la Estrategia Europa 2020 para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador.(1)

Sólo en España existen casi 13 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social, un 27,9 por ciento de la población, uno de cada cuatro españoles.(2)

Las organizaciones del tercer sector (asociaciones, fundaciones) son piezas imprescindibles para vehicular a través de proyectos los recursos económicos que formando parte del gasto social las administraciones públicas presupuestan para ayudar a la integración de estos colectivos más vulnerables, y aquellos otros fondos que provienen de fuentes privadas (empresas, fundaciones, grandes donantes y particulares).

Respecto de los recursos públicos, en España el gasto social del Estado, que incluye pensiones, desempleo, prestaciones familiares y para la infancia, exclusión social y dependencia representaba en 2015 el 24,7% del PIB del país, un porcentaje inferior al 29% que registraba de media el conjunto de la Unión Europea, según la oficina estadística Eurostat. A modo de ejemplo nuestra vecina Francia dedica a gasto social el 34% de su PIB mientras que Rumania o Lituania apenas destinan el 15% del PIB. También en el porcentaje que de este gasto se dedica a vivienda y exclusión social existen diferencias significativas pues la media europea es del 4,1% mientras que en España sólo dedicamos el 1,4%.

Cuando indagamos en los recursos de fuentes privadas las cifras se empequeñecen, pues según datos también de la OECD y Eurostat, las donaciones privadas en España durante el año 2012 alcanzaron la cifra de 1.232 millones de euros (el 0,1% del PIB).(3)

Ya no es cuestión de que en España la filantropía alcance el mismo nivel que en los Estados Unidos donde supone el 2% de su PIB y equivale a un 10% del gasto social público, pero entre este último porcentaje y el 0,5% del gasto social que representa la filantropía en nuestro país hay una gran oportunidad de mejora.

Por un lado y respecto del apoyo del estado, es significativo que según el Family Business Philanthropy Report de octubre de 2016(4) mientras tan solo el 59% de los family offices españoles encuestados responden afirmativamente a la pregunta ¿cuenta con incentivos fiscales en su país para actividades filantrópicas?, el 92% de los alemanes o el 90% de los franceses responde afirmativamente.

Pero por otro hay otro dato interesante respecto de las inversiones de las compañías españolas (y las rusas) y es que la inversión se destine a las comunidades locales es fundamental para los negocios familiares italianos (96% de los encuestados) o brasileños (86%) pero menos relevante para los rusos (35%) o los españoles (42%). Los españoles valoramos más la relevancia del proyecto independientemente de dónde se realice, dato que seguro que mueve a reflexión.

En cualquier caso, lo importante es ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, y en el caso que nos ocupa la oportunidad de mejora que tenemos los españoles desde el punto de vista privado a la hora de contribuir a mejorar las condiciones de los más desfavorecidos es muy grande y es una buena noticia para las organizaciones del tercer sector que deben idear proyectos atractivos e ilusionantes y si es posible que beneficien también a los más cercanos.

Álvaro Vioque

Colaborador académico de ESADE

Socio de AoniaNueva Educación

@AlvaroVioqueG

(1) https://ec.europa.eu/info/business-economy-euro/economic-and-fiscal-policy-coordination/eu-economic-governance-monitoring-prevention-correction/european-semester/framework/europe-2020-strategy_en

(2) https://www.eapn.es/estadodepobreza/descargas.php (7º Informe AROPE 2017)

(3) https://www.pwc.es/es/publicaciones/espana-2033/mas-valor-social-2033.html

(4) http://www.ey.com/es/es/home/ey-family-business-philanthropy-report-2016