El Papa Francisco se encuentra en Bari (Italia), junto con unos veinte líderes de las Iglesias cristianas en Medio Oriente: católicos, ortodoxos, protestantes. Entre ellos están el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé, Teodoro II de Alejandría, el metropolita ruso Hilarion, el Papa copto Tawadros, el Patriarca siro-ortodoxo Mar Gewargis II, los patriarcas de las Iglesias orientales católicas, como Pierbattista Pizzaballa(del Patriarcado latino de Jerusalén) y los cardenales Béchara Boutros Räi (de los maronitas de Líbano) y Louis Raphael Sako (de los caldeos iraquíes). También está el obispo luterano de Jordania Sani Ibrahim Azar.

El Papa les ha convocados a esta ciudad-puente con el Oriente para reflexionar sobre la situación de una región martirizada. En la “Rotonda”, es donde se lleva a cabo el encuentro de oración: «Hemos llegado como peregrinos a Bari, ventana abierta al cercano Oriente, llevando en el corazón a nuestras Iglesias, a los pueblos y a tantas personas que viven en situación de gran sufrimiento. A ellos les decimos: “Estamos cerca de ustedes”».

bari_lungomare253Aquí, dijo Bergoglio, «contemplamos el horizonte y el mar y nos sentimos impulsados a vivir esta jornada con la mente y el corazón dirigidos a Oriente Medio, encrucijada de civilizaciones y cuna de las grandes religiones monoteístas. Allí nos visitó el Señor, “sol que nace de lo alto”. Desde allí, la luz de la fe se propagó por el mundo entero. Allí han surgido los frescos manantiales de la espiritualidad y del monacato. Allí se conservan ritos antiguos únicos e inestimables riquezas del arte sacro y de la teología; allí pervive la herencia de los grandes Padres en la fe. Esta tradición es un tesoro que hemos de custodiar con todas nuestras fuerzas, porque en Oriente Medio están las raíces de nuestras mismas almas».

«Pero sobre esta espléndida región –continuó Francisco– se ha ido concentrando, especialmente en los últimos años, una densa nube de tinieblas: guerra, violencia y destrucción, ocupaciones y diversas formas de fundamentalismo, migraciones forzosas y abandono, y todo esto en medio del silencio de tantos y la complicidad de muchos. Oriente Medio se ha vuelto una tierra de gente que deja la propia tierra. Y existe el riesgo de que se extinga la presencia de nuestros hermanos y hermanas en la fe, desfigurando el mismo rostro de la región, porque un Oriente Medio sin cristianos no sería Oriente Medio».

patriarcas«Recemos unidos –exhortó el Pontífice–, para pedir al Señor del cielo esa paz que los poderosos de la tierra todavía no han conseguido encontrar. Que desde el curso del Nilo hasta el Valle del Jordán y más allá, pasando por el Orontes, el Tigris y el Éufrates, resuene el grito del Salmo: “La paz contigo”. Por los hermanos que sufren y por los amigos de cada pueblo y religión, repitamos: La paz contigo. Con el salmista, lo imploramos de modo particular para Jerusalén, la ciudad santa amada por Dios y herida por los hombres, sobre la cual el Señor aún llora: La paz contigo».

El grito de paz, explicó el Papa argentino, «es el grito de tantos Abeles de la actualidad que sube al trono de Dios. Pensando en ellos, no podemos ya más permitirnos decir ―ni en Oriente Medio ni en cualquier otra parte del mundo―: “¿Soy yo el guardián de mi hermano?”. La indiferencia mata, y nosotros queremos ser una voz que combate el homicidio de la indiferencia.Queremos dar voz a quien no tiene voz, a quien solo puede tragarse las lágrimas, porque Oriente Medio hoy llora, sufre y calla, mientras otros lo pisotean en busca de poder y riquezas. Para los pequeños, los sencillos, los heridos, para aquellos que tienen a Dios de su parte, nosotros imploramos: La paz contigo».