Aunque en los últimos años la creación de empleo y, con ello, el tono económico, se ha ido recuperando de forma sostenida, todavía nuestro mercado laboral adolece de muchas carencias y problemáticas que en 2018 habrá que saber entender y resolver para afianzar el crecimiento económico y la mejora de la competitividad. Competitividad que es necesaria para liderar el proceso de recuperación y para conseguir hacer de nuestro mercado laboral un motor de crecimiento y desarrollo sostenible.

A pesar de ese escenario, hablar del empleo en 2017 es todo un reto, y lo seguirá siendo en 2018, sobre todo en nuestra comunidad autónoma, que tiene una tasa de desempleo que ronda el 25%, un paro estructural enorme y otro acumulado de larga duración muy preocupante, a lo que se suma un desempleo juvenil que sobrepasa al 50% de este colectivo.

La realidad es que el mundo del trabajo y las relaciones laborales están experimentando una compleja transformación fruto de las grandes tendencias que están redefiniendo el empleo, tal y como lo hemos venido entendiendo hasta la fecha.

La globalización, la demografía, la tecnología, los nuevos modelos de producción, la transformación de los modelos de negocio, la automatización, la robótica, la digitalización, el 3D, Internet, las redes sociales, la incorporación de nuevas generaciones con nuevas inquietudes, la diversidad en sentido amplio y la velocidad a la que todos estos elementos convergen, están introduciendo ya cambios importantes en la configuración de las profesiones y de las habilidades que se requieren.

Estos cambios y, con ellos, la transformación tecnológica, no han de verse como una amenaza, sino como una oportunidad de creación de más y mejor empleo, eso sí, seguro que muy diferente al que hemos conocido hasta la fecha.

Y aquí el gran reto al que nos enfrentamos es el desajuste entre la oferta y la demanda de profesionales, motivado en gran parte por la brecha formativa y de especialización de nuestro mercado laboral. Las empresas están teniendo serias complicaciones para cubrir sus vacantes con perfiles que respondan a sus necesidades. Alguna referencia al respecto, ¿cómo es posible que en Andalucía, con la tasa de paro actual, sean muchas las empresas, cada vez más, las que tienen serias dificultades para encontrar los perfiles profesionales que necesitan? ¿Cómo es posible que el 90% de los parados no reciba ninguna ayuda de su oficina pública de empleo en términos de activación para el empleo (orientación, itinerarios personalizados, técnicas de búsqueda)?

La formación constituye el elemento decisivo en la mejora de la competitividad y el empleo y, si no queremos dejar pasar el tren del desarrollo, en el que cada vez más la globalización, la tecnología, la diversidad y las nuevas formas de relacionarnos están cambiándolo todo, tendremos que tomar, de una vez por todas, un compromiso serio, estratégico y de largo plazo con lo que probablemente más nos ayude a progresar como individuos y como sociedad: la educación y la formación. De igual manera con la evolución de los perfiles profesionales, el mercado de hoy pide más flexibilidad, más movilidad, más polivalencia, es más colaborativo, requiere nuevas habilidades y competencias; en definitiva, requiere una capacitación diferente.

Las cualidades que deberán reunir los trabajadores en 2020 estarán enfocadas a habilidades transversales que compartan todos los perfiles, independientemente de rangos, especificidades o formación concreta. Este nuevo escenario conlleva una nueva forma de gestión de la diversidad y del talento como factor de competitividad. Así pues, y desde el lado empresarial, apostar por atraer, captar y retener el mejor talento posible es uno de los principales deberes que las organizaciones tenemos.

Rocío Cardona

Directora Regional Andalucía Grupo Adecco