Para 2021, el organismo proyecta que el crecimiento repunte hasta el 5,2%, -0,2 puntos porcentuales por debajo de su previsión de junio

En las últimas Perspectivas de la economía mundial (informe WEO), el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha vuelto a proyectar una “recesión profunda” en 2020.

El crecimiento mundial será de -4,4%, una revisión al alza del 0,8 puntos porcentuales respecto a nuestra actualización de junio, una actualización debida a resultados “un poco menos alarmantes” en el segundo semestre, así como a “ciertas señales” de una recuperación más fuerte en el tercer trimestre, que se compensan en parte con las revisiones a la baja en algunas economías emergentes y en desarrollo.

Para 2021, el organismo proyecta que el crecimiento repunte hasta el 5,2%, -0,2 puntos porcentuales por debajo de su previsión de junio.

Excepto para China, donde se prevé que el producto supere este año los niveles de 2019, se proyecta que, tanto en las economías avanzadas como en las economías de mercados emergentes y en desarrollo, el producto se mantenga por debajo de los niveles de 2019, incluso el próximo año.

“Es probable que esta crisis genere daños permanentes a mediano plazo, ya que los mercados laborales necesitarán tiempo para recuperarse, la incertidumbre y los problemas en los balances han frenado la inversión y el capital humano se verá afectado por la pérdida de períodos de escolarización” apunta el informe.

“Se necesitan más medidas”

Para el FMI, todavía queda mucho por hacer para garantizar una recuperación sostenida. En primer lugar, apunta a una mayor colaboración internacional para terminar con esta crisis sanitaria. “Se están realizando grandes avances en el desarrollo de pruebas, tratamientos y vacunas, pero solo si los países colaboran estrechamente habrá una producción suficiente y una distribución generalizada en todas las partes del mundo Estimamos que si se dispone de soluciones médicas con mayor rapidez y de forma más extendida que en nuestro escenario base, el ingreso mundial en términos acumulados podría incrementarse en casi USD 9 billones de aquí a 2025, aumentando los ingresos de todos los países y reduciendo la divergencia de ingresos.

En segundo lugar, en la medida de lo posible, las políticas deben centrarse con firmeza en evitar que la crisis genere un daño económico persistente. Los gobiernos deben continuar ofreciendo apoyo a los ingresos a través de transferencias monetarias focalizadas, subsidios salariales y seguros de desempleo. Para evitar quiebras a gran escala y asegurar que los trabajadores puedan volver a empleos productivos, “las empresas vulnerables que sean viables deben seguir recibiendo apoyo -donde sea posible- a través de aplazamientos del pago de los impuestos, moratorias del servicio de la deuda e inyecciones asimilables a capital social”.

“Con el tiempo, a medida que la recuperación se fortalezca, las políticas deben reorientarse para facilitar la reasignación de trabajadores desde sectores con probabilidad de contraerse a largo plazo (viajes) hacia sectores de crecimiento (comercio electrónico). Durante este ajuste, debe apoyarse a los trabajadores con transferencias de ingreso, programas de reorientación laboral y adquisición de nuevas aptitudes”, explica.

Asimismo, apunta que el apoyo a la reasignación también requerirá medidas para acelerar los procedimientos de quiebra y los mecanismos de resolución, con el fin de afrontar con eficiencia las insolvencias de las empresas. “El impulso a la inversión pública en infraestructuras verdes en un momento de bajas tasas de interés y alta incertidumbre puede aumentar de forma importante la disponibilidad de empleos y acelerar la recuperación, al tiempo que puede servir como un importante paso inicial hacia la reducción de las emisiones de carbono”.

Las economías de mercados emergentes y en desarrollo tienen que gestionar la crisis con menos recursos, “ya que muchas de ellas están limitadas por una deuda elevada y costos de endeudamiento mayores. Estas economías deberán priorizar el gasto crítico en salud y las transferencias a los pobres, así como garantizar una eficiencia máxima. También necesitarán que continúe el apoyo en forma de donaciones internacionales y financiamiento concesionario y, en algunos casos, de alivio de la deuda. Donde no sea sostenible, la deuda debe reestructurarse cuanto antes y liberar fondos para afrontar esta crisis”.

Por último, para el FMI, las políticas deben diseñarse “con la vista puesta en situar las economías en trayectorias de crecimiento más fuerte, equitativo y sostenible. La distensión de la política monetaria a escala mundial, si bien es fundamental para la recuperación, debe complementarse con medidas para evitar la acumulación de riesgos financieros a mediano plazo, y debe garantizarse la independencia de los bancos centrales a toda costa. El necesario gasto fiscal y la caída del producto han llevado los niveles mundiales de deuda soberana a un máximo histórico del 100% del PIB mundial. Aunque las bajas tasas de interés, junto con el repunte del crecimiento que se proyecta en 2021, estabilizarán los niveles de deuda de muchos países, sería beneficioso contar con un marco fiscal a mediano plazo que aporte confianza en la sostenibilidad de la deuda. En el futuro, los gobiernos deberían aumentar la progresividad de sus impuestos para que las empresas paguen su parte correspondiente de impuestos, así como eliminar gastos innecesarios”.

“Las inversiones en salud, infraestructuras digitales, infraestructuras verdes y educación pueden contribuir a lograr un crecimiento productivo, inclusivo y sostenible. También, la ampliación de las redes de protección donde existen deficiencias aseguraría que los más vulnerables estén protegidos mientras se apoya la actividad a corto plazo”, argumenta.

Y destaca: “Esta crisis es la peor desde la Gran Depresión y, para la recuperación de este desastre, será necesaria una innovación importante en el frente de las políticas, tanto a nivel nacional como internacional“.

España, la mayor contracción de la zona euro en 2020

El FMI pronostica una caída de la economía de la zona euro del 8,3% para este año, destacando a la cabeza España, para la que prevé una caída del 12,8% para 2020. Sin embargo, y según las proyecciones del organismo, repuntará un 7,2% durante 2021.