La escritora británica Jane Austen publicó en 1811 la novela Sense and Sensibility. Sus protagonistas son las hermanas Dashwood. Después de la muerte de su padre, la familia queda con casi nada y se instalan en una casa de campo que les ofrece un pariente. Subyacen en el hilo conductor de la novela temperamentos opuestos: razón-emoción, que se pueden poner en relación perfectamente con nuestra realidad actual, donde vivimos más de las emociones y de los impulsos que de la razón. Lo hemos visto en la reciente Cumbre del Clima celebrada en Madrid. También aparecen en esta obra la vulgaridad y la ambición, que son muy evidentes en la parrilla televisiva actual que tiene una gran influencia social, a la que, si le sumamos el mundo del ocio en Internet, tendremos un cóctel preocupante, donde la manipulación, las medias verdades y los intereses espurios campan a sus anchas y se convierten en la columna vertebral de muchas actitudes personales y sociales.

El año pasado por estas fechas, traje a colación la magnífica novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa El Gatopardo, que Visconti llevó al cine, con aquella famosa frase “es preciso que todo cambie para que todo siga igual”. Una obra crítica con las clases dirigentes que se niegan a actuar para que las cosas cambien y la situación de todos mejore. Muchos se preguntan qué ha acontecido en la COP25, por qué hay la impresión que ha sido una cumbre fallida donde no se han impulsado opciones creíbles que contribuyan a cambiar el panorama actual y futuro. Estamos ante una nueva decepción, por no haberse conseguido los avances necesarios, una más.

La cumbre ha acabado como un aparente fracaso, pero como dato positivo está la cada vez más amplia toma de conciencia de la sociedad civil. Los políticos no han estado a la altura. Y, sin embargo, necesitamos una respuesta global para un problema global, porque todo está conectado. Este mundo necesita esperanza, y una visión integral. Tenemos la necesidad de que la humanidad avance en la búsqueda de un desarrollo sostenible, pero, a pesar de todo, hemos de mantener la confianza, porque sabemos que las cosas pueden cambiar. Tenemos que mirar más allá de lo inmediato, actuando con gestos concretos en el cuidado del bien común, desde lo local a lo global.

Hoy estamos en uno de esos momentos de encrucijada. En un cambio de época que precisa un urgente cambio de personas y estructuras, que nos ofrezca esperanza y confianza; a pesar de lo dicho, estamos a tiempo de cambiar de rumbo. No podemos seguir pensando que otros, o el simple pasar del tiempo, resolverán los problemas. La Agenda 2030 es una oportunidad a pesar de la falta de medidas políticas concretas a las que nos estamos enfrentando. Necesitamos un cambio estructural, sin embargo, las estructuras económicas, sociales y culturales no se pueden cambiar sin personas que las transformen. Sin duda, debemos cuidar nuestro entorno siendo más austeros, consumir lo necesario, generando menos residuos… es un compromiso personal, familiar y social que no podemos ignorar.

Ante el nuevo año que se nos presenta, hay varias cuestiones que, creo, estarán en la agenda, en esta nueva década que se inicia. Además de todo lo relacionado con sostenibilidad, la tecnología y la Inteligencia Artificial se subrayará con fuerza, por un lado, el papel de la mujer en una sociedad diversa y plural, por otro, el nuevo roll que se le asigna a la sufrida clase media y, además, todo lo relacionado con la vida, en su inicio y final. Habrá que estar atentos, ya que lo que parece útil a corto plazo puede no valer la pena a largo plazo. Pues con Platón despedimos este año y recibimos al nuevo año, de noche, especialmente, es hermoso creer en la luz…

Enrique Belloso Pérez  | Director de Relaciones  Institucionales y Comunicación de CEU Andalucía

Artículo incluido en el número de enero de de la revista Agenda de la Empresa