Los pequeños actos pueden dejar una gran huella. Por eso, cuando ofrecemos nuestro tiempo y nuestros talentos gratuitamente en algún tipo de voluntariado, nosotros y nuestro entorno, lo notan y crecen. El voluntariado nos ayuda a permanecer activos y dinámicos. Para los voluntarios, en cualquier lugar donde se impliquen: con niños, jóvenes, familias, ancianos, enfermos…, esta actividad regenera sus vidas. No podemos mirar para otro lado y dar la espalda para no ver muchas formas de pobreza que piden que nos impliquemos en su acompañamiento y transformación.

El mundo del voluntariado, desde su hacer silencioso y oculto, da forma y visibilidad a la bondad de cada cual con su prójimo. Haciendo que una persona que sufre o necesita ser acompañada en algún momento de su vida, se sienta acogida y aceptada.  En muchos casos, la credibilidad de nuestras empresas e instituciones pasa también de manera convincente a través del servicio a los niños abandonados, los enfermos, los pobres sin comida ni trabajo, los ancianos, los sintecho, los prisioneros, los refugiados y los emigrantes, así como a todos aquellos que han sido golpeados por las catástrofes naturales… Siendo solidarios, cercanos…, los voluntarios son un signo contra la indiferencia, el individualismo, el egoísmo, el desinterés de tantos.

El verdadero voluntario no se siente mejor que los demás, el bien se realiza y es eficaz, sobre todo, cuando se hace sin buscar recompensa o para ser vistos, en las situaciones concretas de la vida diaria. Sin duda, estar al servicio de los demás es parte de la esencia de la vida humana, así el voluntariado da un rostro humano a la sociedad.

El voluntariado solidario es una opción que nos hace libres y abiertos a las necesidades de los demás, abiertos a las exigencias de la justicia, a la defensa de la vida, a la protección de la creación… Por eso, necesitamos voluntarios; jóvenes, adultos, perseverantes, que se enfrenten a las dificultades y que pongan siempre en la base de todo el objetivo último del ser voluntario, el servicio a los demás, que traspasa las fronteras, desarrollando una capacidad de acogida e inclusión sin límites, desde la cultura de la solidaridad. Por eso, es siempre necesario y conveniente trabajar juntos, de la mano de instituciones, compartiendo dificultades y esperanzas. Es éste un camino para hacer más justa y solidaria nuestra sociedad.

Los voluntarios no realizan un trabajo de sustitución de la red social, sino que contribuyen a dar un rostro humano a nuestra sociedad; por eso, han de continuar con pasión su misión, buscando todas las formas posibles y constructivas para despertar en la opinión pública la necesidad de comprometerse por el bien común, en apoyo de los débiles y de quienes más lo necesitan.

Ser voluntario es una gran llamada para todos. Una riqueza insondable para la sociedad donde la solidaridad abre nuevos horizontes, en un momento en el cual se ha recordado la importancia de la cooperación. Quizás también conviene recordar la importancia del voluntariado en la empresa y poner al día nuestros compromisos con el medioambiente y la sociedad, en línea con la Responsabilidad Social Corporativa, que abre nuevos horizontes a la empresa en una sociedad en plena evolución digital.

Enrique Belloso Pérez  | Director de Relaciones  Institucionales y Comunicación de CEU Andalucía

Artículo incluido en el número de marzo de la revista Agenda de la Empresa