Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, incorporados a la Agenda 2030, contemplan un buen número de acciones sostenibles en el ámbito económico, social y ambiental. En este entorno, cada vez más, las empresas adoptan una nueva política de Responsabilidad Social Corporativa. Esta ha entrado con fuerza en el mundo de los negocios, a nivel nacional e internacional. Sin embargo, se contemplan desajustes en su implementación, en relación a sus metas, objetivos y coherencia en cuanto a la visión global de la empresa. Por tal razón, es necesario apostar por una Responsabilidad Social Corporativa que mejore la reputación de las empresas, atrayendo y reteniendo el talento, haciéndola más atractiva, competitiva y sostenible. Consiguiendo con ello un nivel de credibilidad mayor y, por tanto, de confianza económica y social.

Si miramos, por ejemplo, el modelo tradicional de cooperación al desarrollo, vemos que muchas cosas están cambiando. Las empresas, cada vez más concienciadas, están asumiendo esta tarea como parte de su responsabilidad social corporativa. Sin duda, las grandes y medianas empresas en los últimos años han ganado muchos enteros a la hora de ser consideradas como un actor principal en la cooperación al desarrollo. Esto fomenta la comunicación y el diálogo entre todas las partes implicadas, empresas, ONG, administraciones públicas y las comunidades que se benefician. Parece que, en las empresas que están en ello, ha calado hondo la contribución al desarrollo. Las fórmulas de cooperación público-privada son las adecuadas para el acceso a las nuevas tecnologías, al conocimiento y a la financiación.

La ayuda al desarrollo abrirá a las empresas hacia una mayor internacionalización, por un lado, se destinan recursos económicos para apoyar iniciativas y, por otro, se favorece la atracción de inversiones, que generan riqueza allí donde se aplica. Cinco sería los sectores prioritarios donde actuar en cooperación internacional: ciudades, digitalización, energía, cultura y financiación. Para ir adelante en estos sectores es necesario establecer, a largo plazo, espacios de diálogo amplios para fomentar iniciativas público-privadas entre distintas entidades con preocupaciones sociales. Es necesario, por tanto, profesionalizarse y entretejer alianzas, estamos ante un gran reto.

Las fundaciones empresariales aportan conocimiento y capacidad de gestión, que son claves en acciones de desarrollo, de alguna forma desarrollan negocios inclusivos, para que el beneficio, y las ventajas económicas y sociales se queden en los territorios desarrollados, en sus comunidades.

A nivel nacional también existe margen donde actuar, donde la responsabilidad social de las empresas puede contribuir a una mejora a futuro de la situación actual, veamos un par de ejemplos. España está, en la actualidad, entre los cinco países del mundo con más esperanza de vida, en concreto el cuarto puesto; el primero es Japón, seguido por Suiza y Singapur. En 2040, los españoles tendremos una esperanza de vida de 85,8 años. España será el país del mundo con más esperanza de vida, según un estudio realizado por el Instituto de Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington en EE. UU. Las recomendaciones respecto a la esperanza de vida se orientan hacia los niveles de educación y de ingreso per cápita. Bien, pues en ambos factores claves para la mejora de la esperanza de vida, tenemos que seguir avanzando, a través de un menor abandono escolar y un aumento de los ingresos. ¡Quién da más!

Enrique Belloso Pérez  | Director de Relaciones  Institucionales y Comunicación de CEUAndalucíaEnrique-Belloso-Perez-384x253

Artículo incluido en el número de noviembre de la revista Agenda de la Empresa