En la actualidad, una gran mayoría de empresas se encuentran afectadas en sus expectativas empresariales por la pandemia que estamos viviendo. Parece que la crisis actual no es comparable a la que se vivió en los años treinta del siglo pasado, ojalá no sea tan duradera ni tan profunda. No obstante, el rumbo de la pandemia y de la economía sigue siendo desconocido. Si somos capaces de contener la crisis sanitaria y se ponen en marcha políticas para estimular la recuperación, todo irá mejor. En esta crisis muchos economistas creen que el posible rebote podría empezar este año o a comienzos de 2021, siempre y cuando logremos contener la pandemia.

Estamos viviendo un momento complejo y crítico, en muchos sectores se ha parado en seco la actividad, en otros se mantiene vía online a través del teletrabajo que ha pasado del 7% al casi 80% en poco más de dos meses. Mientras tanto, las empresas se preparan para iniciar de nuevo el comienzo de una actividad económica más normalizada. Estas, no obstante, tendrán que tener en cuenta algunas cuestiones claves para su supervivencia. Así, en primer lugar, tienen que valorar el impacto financiero, comercial y relacional que la crisis está provocando en sus estrategias empresariales actuales y futuras. Es, sin duda, también el momento para apostar por una ética rentable, que genera modelos de gobernanza nuevos que refuercen su reputación, algo clave de cara al futuro, pues las empresas y también las instituciones se encuentran expuestas a un mundo interconectado y abierto.

En estos días podemos comprobar como la incertidumbre económica en nuestro país está al alza. Esto se manifiesta directamente en el sector del petróleo, el mercado de divisas y la Bolsa. No obstante, está incertidumbre se irá aminorando tanto en cuanto tengamos una imagen real de los efectos económicos de la crisis del COVID-19. Hay que saber muy bien lo que hacer y también comunicarlo con claridad. El mercado debe de generar confianza y se tiene que notar el compromiso de todos, esto es clave para el futuro.

Una vez iniciado este periodo económico incierto tenemos que poner en marcha un ‘Plan de crisis’ adecuado a la situación que refuerce nuestra responsabilidad social y el compliance, así como acelere la transformación digital de nuestro entorno económico. Pero no podemos dejar atrás, una herramienta que tenemos delante, que nos puede ayudar a seguir avanzando en nuestro compromiso autentico con la sociedad. Me refiero a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los ODS, unos objetivos que Naciones Unidas nos ofrece para caminar hacia un horizonte posible, desde nuestro tiempo hasta 2030.  Los ODS van más allá de la responsabilidad social corporativa y la complementan muy bien, ya que desarrollan acciones sostenibles en 17 materias muy diversas, de la educación a la lucha contra la pobreza, desde las ciudades y comunidades sostenibles hasta las alianzas para lograr los objetivos propuestos…

Sin duda, los ODS pueden ser un gran instrumento en los próximos años para encontrar senderos que generen confianza, compromiso y certidumbre. Con ello se propiciará una comunicación más creíble y un fortalecimiento reputacional de las marcas implicadas. La confianza de los ciudadanos está en juego respecto a las marcas y esta puede ser una buena herramienta, demostrándose así un claro compromiso con la sociedad.

Tomar este camino ayudará a que esta estrategia empresarial de largo alcance quede debidamente reflejada en la contabilidad de las empresas y eso será muy positivo para estas. Por tanto, es el momento de incorporar los ODS a la estrategia empresarial, para ser una empresa socialmente responsable, independientemente de su tamaño, las pymes y micro-pymes también lo pueden sumar al ADN de su empresa. Sin duda, es un buen camino para preparar el futuro.

Enrique Belloso Pérez

Director de Proyección Social y Comunicación de CEU Andalucía

Artículo incluido en la edición de junio de Agenda de la Empresa