Vivimos un tiempo nuevo, donde todo parece haberse ralentizado y, en muchos casos, aplazado. Por eso, la celebración en estos días del 75 aniversario de la Asamblea General de las Naciones Unidas parece que despierta un nulo interés, más allá de las cabeceras de los telediarios. Estas bodas de diamante de una institución tan criticada como necesaria, será distinta. En septiembre de 2020, líderes mundiales de 193 países miembros se reunieron vía online con el fin hacer memoria y ver qué retos quedan por alcanzar en un mundo en constante transformación, que ahora parece gripado -nunca mejor dicho- por el COVID.  Sin duda, el quinto aniversario de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), de la Agenda 2030, estarán en el centro de sus intereses.

Parece mentira que ya hayan pasado cinco años desde que se aprobaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, con el fin de reducir la pobreza, mantener la paz y proteger al planeta, cuestiones que siguen siendo esenciales para nuestro futuro común y que la propia pandemia ha potenciado, colocándolos en la avanzadilla necesaria para seguir adelante como comunidad global. Los temas vinculados con la sostenibilidad y la salud estuvieron muy presentes, pero también hizo acto de presencia la otra pandemia, la del empleo, que se está desbordando en muchos países.

Estamos inmersos en una economía a la que le cuesta mantener y crear empleos, lo sabemos bien. El propio Banco de España, anuncia que retrocederemos a niveles de hace 20 años. Este es un gran problema para nuestro país, en un contexto internacional muy cambiante e inestable. Se entremezclan en esta situación diversas cuestiones, como el peso creciente de la ocupación a tiempo parcial, donde las horas trabajadas marcan la tendencia. Para lograr un cambio de ciclo será conveniente estar muy atento al panorama del comercio a nivel internacional, tan revuelto en los últimos tiempos, salpicado con impensables alianzas hace pocos meses, como las recientes de Israel con algunos países árabes. 

El COVID-19 nos trae de cabeza, en una crisis sin precedentes -hay que reconocerlo-, muy condicionada por la imprevisible evolución de la pandemia y sus consecuencias en la actividad económica. A ver para cuándo la vacuna.

Esta situación parece que nos ha llevado a la mayor contracción de la economía global desde la Gran Depresión, con una caída del PIB mundial de casi un 5%. Ante esta realidad, crecen el nacionalismo económico y las barreras comerciales, por ello, parece que estamos inmersos en procesos de desglobalización importantes. Es como, si a nivel comercial, se estuviera cayendo el castillo de naipes sobre el que se sostenía el comercio mundial, renegociaciones por parte de EE. UU., una Unión Europea que aparece cada vez más debilitada, con China como escenario de fondo y Rusia, junto a otros países emergentes bastante tocados, mirando hacia el horizonte. Vuelve el concepto de soberanía económica, de la autosuficiencia. La salud ya es un factor estratégico y, por tanto, se necesitarán recursos adicionales para sostener un sistema sanitario clave para nuestra supervivencia.

Si midiéramos estos 75 años de Naciones Unidas desde el punto de vista de la esperanza de vida, podríamos decir que le quedan unos años para llegar a la media, pero no mucho más tiempo. El modelo no está agotado, pero necesita un “aggiornamento” para seguir adelante, más cooperación y poner en marcha un gran proyecto mundial de co-gobernanza. Nada nuevo, sería un gran avance, como se ha planteado reiteradamente desde muchos areópagos.

Al fin y al cabo, vivimos en un mismo planeta, donde todos los seres humanos nos hemos de sentir parte de una misma humanidad, somos diferentes, pero al mismo tiempo nos complementamos.

Enrique Belloso Pérez

Director de Proyección Social y Comunicación de CEU Andalucía

Artículo incluido en la edición de octubre de Agenda de la Empresa