Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados en septiembre de 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas establecen la agenda global para los próximos quince años, estimulando acciones cruciales para la humanidad y el planeta. Los 17 ODS son integrales en su alcance y cubren todos los ámbitos de políticas que son fundamentales para el crecimiento y el desarrollo sostenibles. También están fuertemente interconectados, lo que significa que el progreso en un área genera efectos indirectos positivos en otras áreas, y requieren coherencia en el diseño e implementación de políticas, así como el involucramiento de las partes interesadas para alcanzar acuerdos sobre las responsabilidades a compartir entre los diversos tipos de actores. Por lo tanto, la implementación de los ODS debería considerarse de manera sistémica y contar con un enfoque que englobe a toda la sociedad para que los ciudadanos obtengan los beneficios esperados de este proceso.

Una de las lecciones aprendidas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio 2010-2015 fue que los promedios nacionales como única métrica para informar sobre el progreso pueden tergiversar las realidades sobre el terreno, y se destacó la necesidad de producir también métricas a nivel subnacional. El uso de datos agregados y promedios a nivel nacional enmascara las disparidades regionales, y al medir solo el progreso a nivel global y nacional, las metas de los ODMs no pudieron informar y orientar las políticas nacionales ni tampoco proporcionar a los gobiernos la información, los datos y los incentivos que necesitaban para llegar los grupos más pobres y marginales. La narrativa global necesita cambiar drásticamente si se quiere aprender de los errores. La evaluación global de los ODS debe prestar más atención a cómo los objetivos globales son diferentes a nivel subnacional para de esta manera evitar análisis distorsionados, y poder establecer prioridades y esfuerzos para desarrollar estadísticas a escalas relevantes en los países. Por tanto, los indicadores territoriales y los datos desagregados son esenciales para mejorar las capacidades de los gobiernos, a todos los niveles, para alcanzar los ODS.

Con la adopción de la Agenda 2030, un mensaje clave que la OCDE transmite a sus estados miembros, y también a los no miembros, es que los ODS son una responsabilidad compartida entre los gobiernos nacionales, regionales y locales, y la acción de todos será necesaria para garantizar que nadie se queda atrás. Sin embargo, y lo que es más importante, los ODS no deben tomarse como un problema de implementación top-down, sino como un nuevo marco para replantear la sostenibilidad de las políticas a nivel local y regional.

Aunque la Agenda 2030 no fue diseñada específicamente para las ciudades y las regiones, éstas tienen un papel crucial que desempeñar en la consecución de los ODS. De hecho, la mayoría de las políticas e inversiones públicas son una responsabilidad compartida entre los niveles de gobierno y se estima que el 65% de las 169 metas que se encuentran en los 17 ODS no se alcanzarán sin un involucramiento y coordinación adecuados con los gobiernos locales y regionales. Por ejemplo, en 2015 los gobiernos subnacionales fueron responsables del 59,3% de la inversión pública total en toda el área de la OCDE y de casi el 40% en todo el mundo (OECD/UCLG 2016). La mayoría de estas inversiones están relacionadas con infraestructura para servicios básicos sobre la cual las ciudades y / o regiones tienen competencias básicas, y que son objeto de ODS específicos (por ejemplo, educación, salud, infraestructura social, agua potable, saneamiento, gestión de residuos sólidos, transporte y vivienda).

Algunas ciudades y regiones ya se están moviendo en esta dirección y han comenzado a trabajar en la localización de los ODS. A nivel regional, la Comunidad Valenciana (España) y Toscana (Italia) están siendo particularmente activos en la integración del ángulo de los ODS en su planificación regional, mientras que a nivel de ciudad un ejemplo interesante es la ciudad de Medellín (Colombia). A pesar de estas iniciativas, existe una falta de acción coordinada y coherente entre los países miembros de la OCDE, así como con los países socios de la OCDE, que sea capaz de apoyar de manera más sistemática a las regiones y ciudades, en particular a las municipalidades medianas y pequeñas, que estén dispuestas a utilizar la Agenda 2030 para orientar el diseño, la planificación, y las inversiones de sus políticas.

Por todas estas razones, la OCDE ha lanzado el ambicioso Programa ‘Un enfoque territorial para los Objetivos de Desarrollo Sostenible: El rol de las ciudades y regiones para no dejar a nadie atrás’. Esto significa: adaptarlos a cada lugar; comprender cómo se traducen los ODS a las especificidades y realidades territoriales; medir la distancia desde los promedio nacionales a los resultados que registran las ciudades o regiones; y proporcionar orientación a medida para integrar el ángulo de los ODS en la planificación regional, el establecimiento de estrategias y el diseño de políticas. Se espera que los resultados del proyecto ayuden a las ciudades y regiones a “repensar” su enfoque de sostenibilidad y el bienestar para adaptarlo a la escala geográfica más adecuada. Un enfoque territorial de los ODS también puede respaldar la asignación de recursos (fiscales, humanos, técnicos / de infraestructura, etc.) a los grupos más vulnerables y / o regiones rezagadas. Puede ayudar a mejorar la participación de las autoridades locales y regionales, así como de las comunidades locales, para aumentar la rendición de cuentas en cuanto a la consecución de los ODS.

Aziza Akhmouch

CFE/CITY

OCDE