Europa, aparte de ser un continente de nuestro planeta, es el nombre de una las lunas de Júpiter. En concreto se trata del más pequeño de los cuatro (de un total de 67) grandes satélites de Júpiter descubiertos en 1610  por Galileo Galilei, quien les dió el nombre de los amantes del dios Zeus. El interés en este satélite, de dimensiones parecidas a la Luna, radica en su estructura. Usando observaciones telescópicas y medidas gravitacionales se cree que este cuerpo celeste tiene un núcleo de hierro similar al terrestre y su corteza está, primordialmente, construida por silicatos. Su aspecto exterior es el de una gran cáscara de hielo bastante uniforme, lo que hace creer a los científicos que existe un gran océano de agua líquida entre la corteza del planeta y la superficie helada.  Además, se ha observado actividad tectónica y emisiones de vapor de agua similares a la de los géiseres terrestres. Dado que algunas hipótesis actuales sobre el nacimiento de la vida en nuestro planeta apuntan a que la combinación de agua y actividad tectónica dio lugar a la creación de las primeras formas de vida unicelulares, el interés por Europa ha aumentado exponencialmente en los últimos años, hasta el punto de que se está trabajando en futuras misiones de exploración de este satélite.  Muchos expertos están convencidos de que se trata de la apuesta más segura para encontrar vida, fuera de La Tierra, en el Sistema Solar.

 

Alejandro-Lopez-OrtegaLa exploración de Europa ha sido, mayoritariamente hasta ahora, llevada a cabo por sondas que han pasado cerca del planeta Júpiter sin entrar en órbita alrededor de él. Éstas fueron las Pioneer 10 y 11 y las Voyager 1 y 2 en ruta hacia los confines del sistema solar y más allá. La sonda Galileo, lanzada en 1989, ha sido la única misión que, hasta ahora, ha entrado en órbita alrededor de Júpiter y ha explorado minuciosamente de cerca este satélite. Sin embargo, la presión de la comunidad científica sobre la necesidad de explorar más concienzudamente Europa aumenta al ir conociéndose más datos sobre su estructura y geología, por lo que nuevas misiones figuran en el horizonte cercano. La más relevante por ahora es la sonda Europa Clipper, que en su estado actual pretende colocarse en órbita alrededor de Júpiter y realizar 45 pasadas (fly-bys), a baja altitud, para recolectar datos científicos. Además, incorporaría una pequeña sonda auxiliar que descendería a la superficie del satélite e impactaría en su superficie de hielo a una velocidad aproximada de 1 km/s, lo que produciría un agujero en el hielo de varios centímetros de profundidad.

 

Este evento representaría la primera presencia terrestre en la superficie de Europa y permitiría conocer con más exactitud las características geológicas del planeta con vistas a una futura misión de aterrizaje. Otra opción contemplada para la misión sería el uso de mini-sondas (llamadas en inglés cube-sats) que usando propulsión eléctrica explorarían varios lugares de la superficie helada donde existen emisiones de vapor de agua. Al mismo tiempo, la Agencia Espacial Europea ha seleccionado la misión “Jupiter Icy Moon Explorer” que aunque centrada en Ganimedes (otra de las lunas de Júpiter) contempla varios fly-bys de Europa. La agenda de exploración de Europa continuaría en la década de 2020 con una sonda que orbite el satélite y otra que sea capaz de descender a la superficie helada. Estas dos últimas misiones no son más que un concepto, en este momento, pero no cabe duda de que si los datos ofrecidos por Europa Clipper son prometedores, se llevarán a cabo.  En un terreno cercano a la ciencia ficción, incluso existen estudios de cómo una colonia humana podría establecerse en Europa. Esta colonia se encontraría sumergida debajo de la capa de hielo para aislarse de la radiación (Europa no tiene atmósfera) y emplearía la energía geotérmica del satélite para producir energía eléctrica  y oxígeno.

 

Europa, en definitiva, se erige en el horizonte como el próximo reto de la exploración espacial en un punto en el que las misiones a cuerpos terrestres más cercanos a La Tierra (particularmente Marte) están entrando en un período de madurez. Los retos tecnológicos y científicos que las distintas misiones propuestas deben abordar son grandes, debido principalmente a la lejanía y a las condiciones extremas de temperatura y radiación que se dan en este satélite de Júpiter.  Sin embargo, la recompensa que puede estar a la espera es demasiado grande como para dejarla pasar, y no es otra que encontrar un lugar en el Sistema Solar que replique las condiciones en las que las primeras formas de vida surgieron en La Tierra.

 

Alejandro López Ortega

Doctor en Ingeniería Aeroespacial