Francisco ha celebrado la sexta misa del Gallo de su pontificado y en su homilía ha reflexionado sobre el significado de la palabra Belén que, ha recordado, quiere decir “casa del pan”.

“En esta casa el Señor convoca hoy a la humanidad. Él sabe que necesitamos alimentarnos para vivir. Pero sabe también que los alimentos del mundo no sacian el corazón”, ha iniciado su homilía.

Entonces el pontífice argentino ha lamentado que “el hombre se convierte en ávido y voraz” y que “parece que el tener, el acumular cosas es para muchos el sentido de la vida”.

Francisco ha sacudido las conciencias al recordar que “una insaciable codicia atraviesa la historia humana, hasta las paradojas de hoy, cuando unos pocos celebran banquetes espléndidamente y muchos no tienen pan para vivir”.

Para Jorge Bergoglio, “Belén es el punto de inflexión para cambiar el curso de la historia”, y los pastores de Belén muestran cómo ir al encuentro de Dios: hay que velar por la noche, no dormir, permanecer vigilantes, estar despiertos en la oscuridad, porque al final la claridad los envolverá. Pero no debe ser una actitud presuntuosa, basada en las propias fuerzas y en los propios medios, porque en esos casos el corazón permanece cerrado a la luz de Dios.

Aclaró que a Dios le gusta que lo esperen, y no es posible hacerlo “en el sofá” o “durmiendo”. Como los pastores, que fueron corriendo. Ellos -recordó- no se quedaron quietos como quien cree que ha llegado a la meta y no necesita nada, sino que fueron, dejaron el rebaño sin custodia y se arriesgaron por Dios.

“Después de haber visto a Jesús, aunque no eran expertos en el hablar, salen a anunciarlo, tanto que ‘todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores’. Esperar despiertos, ir, arriesgar, comunicar la belleza: son gestos de amor”, afirmó.