El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha admitido por primera vez “ejecuciones extrajudiciales” durante su mandato donde se lleva a cabo una sangrienta campaña antinarcóticos en la que se han abatido más de 4.800 sospechoso de consumo y tráfico de drogas.

“Mi único pecado son las ejecuciones extrajudiciales”, ha dicho el mandatario este jueves  durante un discurso en el Palacio de Malacañan, conforme al comunicado enviado por la oficina presidencial.

Las declaraciones del mandatario podrían ser utilizadas en la Corte Internacional de Justicia, que estudia dos denuncias presentadas contra Duterte.

La conocida como “guerra contra las drogas” arrancó el día que Duterte asumió el poder – el 1 de julio de 2016- y concede la libertad a la policía de disparar contra los sospechoso que se resistan al arresto.