El avión que transporta al Papa Francisco y a los periodistas de los diferentes medios de comunicación despegó rumbo a Rabat, Marruecos, dando inicio así el vigésimo octavo Viaje Apostólico Internacional del Santo Padre. Se espera que aterrice en torno a las dos de la tarde en el aeropuerto de Rabat-Salè, donde será recibido por el Nuncio Apostólico de Rabat, Mons. Vito Rallo y el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Marruecos ante la Santa Sede, Sr. Mostapha Arrifi.

Una vez bajado del avión, será el Rey Mohammed VI quien acompañe al Papa hasta la explanada de la Torre Hassan, donde tendrá lugar la Ceremonia de bienvenida. Una vez concluida, dará comienzo el primer encuentro del Papa Francisco con el pueblo marroquí, las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático y donde está previsto el primer discurso del Papa.

Después de este encuentro el Pontífice visitará el Mausoleo de Mohammed V, para después trasladarse hasta el Palacio Real o Dar el Makhzen, lugar de residencia de los sultanes de Marruecos, donde realizará la visita de cortesía al Rey Mohammed VI y a su familia.

Por la tarde, visitará el instituto para la formación de imanes que el Rey Mohammed quiso para contrarrestar el fundamentalismo islámico y por último se despasará hasta Cáritas Diocesana de Rabat para encontrarse con un grupo de migrantes a quienes dirigirá su segundo y último discurso del día.

Un viaje en signo de la reciprocidad reafirmó en una entrevista el Secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin: “Creo que las expectativas que están en el corazón del Papa se pueden resumir en dos expresiones. Una que le es muy querida es aquella de la “cultura del encuentro”, en el sentido de que este viaje es una etapa, un momento en el que concretamente se expresa y se consolida también esta propuesta de encuentro. Después, la otra frase que me parece que expresa bien las expectativas del Papa, es la que es un poco el lema de este viaje, es decir “servidores de la esperanza”, frente a la dificultad de afirmar esta cultura, frente a lo que el Papa llama la cultura del descarte por un lado, la cultura de la indiferencia por otro; frente a la multiplicación de los egoísmos, de los cerrazones, de los repliegues sobre sí mismos y sobre las contraposiciones. Me parece que el Papa quiere precisamente darnos una gran esperanza, es decir, que es posible caminar en la vía del encuentro mutuo. Y también estos viajes que se suceden en países que no son de tradición católica, tienen precisamente este significado. Hay que avanzar en esta dirección, hay que tener esperanza, hay que redescubrir la confianza para poder seguir caminando en esta dirección.”