Robert Bowers, de raza blanca, 46 años y un historial de declaraciones y amenazas antisemitas en las redes sociales, se personó en torno a las 09.54 del pasado sábado en la sinagoga ‘El árbol de la vida’, en el centro de la ciudad, y abrió fuego indiscriminado con un fusil de asalto AR-15 contra la congregación al grito de “todos los judíos deben morir”.

Ocho hombres y tres mujeres de entre 54 y 97 años, son las víctimas de la masacre en la sinagoga de Pittsburgh y que terminaron en la mira del asesino por ser judíos y “los judíos están cometiendo el genocidio de mi gente”. Tras acabar, se encontró de bruces en la calle con un agente de Policía, regresó a la sinagoga para atrincherarse, y mantuvo un tiroteo con los agentes hasta que fue herido y acabó entregándose. Está ingresado y su vida no corre peligro.

Bowers tiene una licencia de armas de fuego activa y ha realizado al menos seis compras de armas desde 1996. No tenía antecedentes penales y las autoridades federales creen que actuó en solitario.

Incriminado con 29 cargos, entre los que se destaca el “crimen de odio”, Bowers permanece en el hospital y este lunes comparecerá ante la Corte por su primera audiencia.