por Alejandro López Ortega

– Quizá no hay imagen más representativa del modo de vida estadounidense que la de una calle en una urbanización en las afueras, con amplias zonas de césped rodeando cada una de las casas. Este escenario se repite a lo largo y ancho del país, en las zonas húmedas de la costa este, el sur y el noroeste, en las áreas de frígidos inviernos del norte, e incluso en el desierto del suroeste. Recuerdo que a mi llegada a California, estaba sorprendido por la exuberante vegetación, con altos árboles y céspedes inmaculados, que existía por doquier. Pensé, en aquel entonces (era septiembre) que existiría una estación húmeda, quizás la primavera o el otoño, como en Sevilla, que permitiría el sustento de aquella vegetación. Al fin y al cabo, mi conocimiento del clima de esta zona estaba basado en los “Vigilantes de la Playa” y la canción “Nunca llueve al sur de California”. Pasó mi primer año en California y pude contar los días en los que había llovido con los dedos de la mano. El segundo año no fue muy diferente al primero, el tercero fue más lluvioso, y ahora encadenamos más de cuatro años de profunda sequía que ni “El Niño” ha conseguido paliar.

Alejandro-Lopez-Ortega-1¿Cómo entonces llega el agua al sur de California? El secreto es un sistema de acueductos, de más de 600 kilómetros de longitud, que transporta el agua desde el norte del estado y del macizo de Sierra Nevada hasta el sur de California. El primer acueducto fue inaugurado en 1913 y permitió el rápido crecimiento de la ciudad de Los Ángeles y de la industria cinematográfica tan íntimamente relacionada con la ciudad. En su cauce, el acueducto, además, irriga el fértil valle central de California, donde se cultiva más de la mitad de los vegetales de Estados Unidos. El acueducto, un hito de la ingeniería, ha contribuido a la prosperidad de la región durante más de un siglo. Sin embargo, este sistema ya no es suficiente. El crecimiento de la población tanto en el sur como en el norte de California (área de San Francisco y Silicon Valley), unido a la sequía que atosiga al sur del estado y también cada vez más al norte, hace que los embalses que capturan el agua de las montañas en el deshielo estén en mínimos históricos. Los habitantes del valle central, debido a la escasez de agua, han comenzado a extraer recursos hídricos del subsuelo. En algunos lugares de este valle, el suelo se hunde a un ritmo de cinco centímetros al mes, de acuerdo con medidas por satélite realizadas por la NASA. En Los Ángeles y San Diego hay restricciones para el riego y los ayuntamientos dan ayudas a los propietarios que decidan cambiar su césped por vegetación autóctona que requiera de menos agua. En definitiva, los efectos del cambio climático y la sobrepoblación ya se notan en cualquier hogar de California.

¿Podemos extraer algo positivo de esta situación? Afortunadamente, científicos de las agencias espaciales de todo el mundo han reconocido el problema del cambio climático y en este momento existe una flota de satélites que nos facilitan información sobre lo que ocurre, climatológicamente hablando, en nuestro planeta. Uno de estos satélites, SMAP, es, por ejemplo, capaz de identificar el espesor del manto nevado en las montañas que abastecen la red de acueductos de California. De este modo, es posible analizar tendencias históricas e incluso hacer predicciones sobre el estado de los embalses al final del deshielo. La topografía mediante satélite nos permite diseñar estrategias de irrigación que utilicen los limitados recursos hídricos de manera más eficiente. Otros satélites investigan los efectos directos del cambio climático, como por ejemplo, los satélites Jason 2 y 3, que realizan mediciones del nivel del mar en los océanos, o el satélite OCO-2, que monitorea constantemente el nivel de carbono en la atmósfera. Evidentemente, el hecho de poseer tecnología tan avanzada como esta no soluciona el problema de la escasez de lluvias. Sin embargo, el poseer toda esta información permite a los científicos elaborar modelos cada vez más complejos del clima en La Tierra y la influencia del ser humano sobre él. Este conocimiento se debe traducir en medidas efectivas para combatir el cambio climático. El tiempo que tenemos para reaccionar y evitar el desastre ambiental de nuestro planeta es corto, pero contamos con una poderosa aliada, la tecnología.

 

Alejandro López Ortega

Doctor en Ingeniería Aeroespacial. Investigador en Jet Propulsion Laboratory. NASA