La policrisis (económica, política, social e institucional) que atraviesa nuestra realidad ha generado paisajes desolados, terreno propicio para quienes hacen oficio de inventariar calamidades, quehacer de gran raigambre en nuestra tradición, literatura del desastre que, cuando no deviene estéril por paralizante, genera recetarios variopintos sobre algunos de los cuales la historia nos previene, como los que, alimentándose en escombreras ideológicas, se asemejan a las que oraban por el advenimiento de cirujanos de hierro.

 

Hace ya algunos años señalaba Elliot que el fascismo, pese a ser considerado, en la mayoría de los análisis, como la apoteosis de la irracionalidad en un sistema político, tuvo entre sus atractivos iniciales el ofrecer la perspectiva de que las decisiones políticas se tomarían basándose en el bien social absoluto antes que en el capricho de la maquinaria política democrática. La cuestión es quién  y cómo definía ese absoluto.

 

Gallego,-Ángel-JavierMás sinuosas resultan, con parejos riesgos, aquellas propuestas que, so pretexto de las crisis, y más taimadamente para “contribuir” a su superación, abogan por reformas, mistificadoras de su objetivo, que pura y simplemente terminan banalizando el alcance de principios y derechos constitucionales, afectando a la arquitectura del sistema democrático. Y no todo vale, porque es evidente la inexistencia de equivalencia de sacrificios.

 

Desde distintos flancos ideológicos parece estar requiriéndose la pertinente licencia de derrumbamiento del edificio institucional tras declarar, interesadamente, su estado ruinoso y declarar la necesidad de abatirlo, cuando no esperando el certificado de defunción.

 

En esa lógica se inscriben no pocos de los frentes abiertos a los partidos políticos y a los agentes económicos y sociales, olvidando su configuración constitucional como cauces de participación de los ciudadanos en la vida política, económica y social.

 

Y aún más encarnizadamente quienes presentan sus pliegos de cargos contra el diálogo social y sus resultados.

 

Ello exige acudir de nuevo a la promesa de la política para evitar que cuando se elabore el Parte de bajas producido por la crisis no tengamos que contabilizar severos daños en los agentes políticos, económicos y sociales que han contribuido de manera decisiva a lo mejor de las realizaciones prácticas del estado social y democrático contenido en nuestro texto constitucional, y sin cuyo concurso es indescifrable la propia democracia por lo que se equivocan quienes pretenden arrumbarlos en el desván de la historia.

 

Es más, la efectiva  realización de la idea democrática requiere su fortalecimiento, pues no en vano se inscriben entre las bases institucionales del Estado.

 

Y en este escenario, pienso con Ferrajoli que frente a ello ha de oponerse “una rígida defensa del orden constitucional de nuestra democracia, en la consciencia de que todo ataque es no tanto o no sólo a la Constitución… sino al constitucionalismo como sistema de límites y vínculos a todos los poderes” y, por tanto, también a los económicos.

 

Por ello, desde el CES reivindicamos el valor del diálogo social, de procesos que comportan  el encuentro entre diferentes formas de poder político, pues no todo poder político es “poder público”, y abogamos por el valor de los acuerdos entre los  interlocutores sociales y los gobiernos, porque la transacción actúa sobre las mutuas contrapartidas del poder público y las representaciones de intereses sociales, en torno a la dirección de la política, haciéndose así presentes en el espacio de los público los intereses económicos y sociales de la ciudadanía, en procesos públicos y transparentes, que, inequívocamente, contribuyen a la calidad de la democracia.

 

Aunar esfuerzos para alcanzar, más allá de los intereses particulares, objetivos comunes para superar situaciones de dificultades económicas y avanzar en el desarrollo económico y social de Andalucía no hace más que dotar de razón a la política.

 

Ángel Gallego Morales

Presidente del Consejo Económico y Social de Andalucía (CES)