Al menos cuatro personas murieron y otras 23 resultaron heridas este sábado 27 de abril, en al menos seis ataques con drones dirigidos por los bombardeos del Ejército Nacional Libio (ENL), contra varios objetivos en distintas zonas de Trípoli, entre ellos instalaciones pertenecientes al Gobierno.

Libia, fracturada desde la caída de Muamar al-Gadafi en 2011, atraviesa un repunte de las hostilidades desde que el mariscal Khalifa Haftar, se lanzara a principios de abril por la capital, Trípoli, controlada por el Gobierno de Fayez Sarraj, respaldado por las Naciones Unidas y reconocido internacionalmente.

Las fuerzas de Haftar controlan más del 70 por ciento del territorio del país, mientras que el gobierno rival, además de la capital, tiene bajo su control el oeste del país.

En este contexto, muchos migrantes que viajaban hacia Europa se encuentran bloqueados en los centros de detención de Trípoli, llegando a ser atacados violentamente. La semana pasada, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), evacuó a un total de 325 refugiados africanos de un centro de detención en el sur de Trípoli tras una escalada de violencia.

Sobre esta situación humanitaria se pronunció el Pontífice que invitó a “la oración por los inmigrantes que están en los centros de detención en Libia, cuya situación, ya muy grave de por sí, es ahora aún más peligrosa por el conflicto”, dijo el Papa Francisco.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que en las casi tres semanas de esta nueva ofensiva en Libia han muerto al menos 278 personas, mientras que unas 1.332 resultaron heridas y más de 30 mil se han visto obligadas a desplazarse de forma interna en medio del conflicto armado.