El último informe de la ONU sobre el desarrollo humano incluye un indicador que tiene en cuenta las emisiones de dióxido de carbono y el uso de los recursos naturales por parte de los países

La pandemia que se vive actualmente no será la última si seguimos basando la economía y el desarrollo en modelos que no reduzcan la presión sobre el medio ambiente. En América Latina, la prolongada sequía en Bolivia es un anuncio de los fenómenos climáticos extremos y sus efectos en la población. .

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advirtió este martes sobre la mayor pobreza y desigualdad -con los daños que éstas acarrean- que golpearán al mundo a menos que se cambien los esquemas que basan el desarrollo en la explotación irracional de la naturaleza.

En su nuevo Informe de Desarrollo Humano, el PNUD señala que la pandemia de COVID-19 es una muestra de la presión sin precedentes que sufre el planeta debido a la acción de las sociedades sobre el medio ambiente, subrayando la interconexión entre ese proceder y los crecientes problemas sociales y económicos que afronta el mundo.

Para medir el impacto de este fenómeno, a treinta años de haber diseñado el índice de desarrollo humano, el PNUD propuso un nuevo referente experimental que agrega un indicador ajustado por el efecto del desarrollo sobre el planeta, integrando las emisiones de dióxido de carbono y la huella material de los países (el uso de los recursos naturales) a los aspectos que conforman tradicionalmente ese índice: salud, educación y nivel de vida. 

El documento “La próxima frontera: el desarrollo humano y el Antropoceno” explica que el nuevo índice ilustra la transformación que podría darse en el desarrollo si tanto el bienestar de las personas como la integridad del planeta fueran considerados de manera conjunta como piedras angulares de la definición de progreso humano.

Con este ajuste del índice, más de 50 países salieron del grupo de desarrollo humano muy alto debido a su dependencia de los combustibles fósiles y su huella material.

En cambio, Costa Rica, Panamá y Moldavia ascendieron al menos 30 escalones en la tabla, un avance que el PNUD considera como un ejemplo tangible de que sí se puede reducir la presión sobre el planeta.

Durante una conferencia de prensa de presentación del informe, el director de la Oficina que elabora el estudio, Pedro Conceição, afirmó que las presiones sobre el entorno natural han dado lugar a fracturas sociales muy profundas, como se observa en la enorme desigualdad tanto entre países como dentro de ellos.

Conceição agregó que esta inequidad se traduce en que los grupos con más poder se benefician de la explotación de la naturaleza y limitan la capacidad de actuación de la población más pobre.

La publicación considera que resolver esa desigualdad requiere el desmantelamiento de los desequilibrios de poder y de oportunidades que imperan actualmente. También aclara que el cambio de los modelos de desarrollo no implica un retroceso.

“El desarrollo humano no debe entenderse como un dilema entre personas y el medio ambiente. Por el contrario, si sacamos el máximo provecho a las innovaciones, abordamos la desigualdad y trabajamos con la naturaleza, el desarrollo humano puede ayudar igualmente a las personas y al planeta”, dijo Conceição.