por Ildefonso Camacho

–  ¿Tiene algún interés volver a hablar de la corrupción? ¿No estamos ya cansados de tantos procesos abiertos, a los que además nunca se les ve el final? En estos últimos momentos de la campaña electoral para las elecciones del 26 de junio en mi cabeza de sufrido ciudadano me dan vuelta tres géneros de consideraciones.

Foto-Ildefonso-CamachoMi primera consideración se refiere al debate de los partidos sobre el tema. Es lastimoso el recurso permanente al “y tú más…”. Desgraciadamente, en todos los partidos ha habido casos de corrupción, al menos en todos aquéllos que han tenido personas en puestos de responsabilidad política (desde los ayuntamientos para arriba). Ni que decir tiene que no todos los políticos son corruptos: sería injusto no reconocer que hay muchas personas honestas en la gestión pública. Pero éstos no son noticia, pasan desapercibidos. Lo que conocemos son los acusados de corrupción en los diferentes partidos. No creo que valga la pena ponerse a sopesar en qué partido hay más.

¿No sería más útil enfocar el problema de otra manera? Decir: todos reconocemos que hay corrupción en miembros de nuestros partidos, y todos estamos de acuerdo en que es un mal a atajar. Hagamos un pacto para luchar todos con las mismas armas contra la corrupción, y renunciemos a formular a posteriori los criterios que deberían aplicarse en cada caso, buscando la forma que afecte lo menos posible a los nuestros y se ensañe con los de enfrente. Dejémonos ya la postura de que la corrupción más flagrante es siempre la del otro… ¡Cómo agradeceríamos los ciudadanos un pacto en esa línea! ¿No contribuiría un gesto así a mejorar la credibilidad de nuestra clase política?

Una segunda consideración se refiere al uso que hacen los medios de comunicación de los casos de corrupción. Siempre que se hace público un caso me quedo con el interrogante, no de qué pasó, sino de por qué nos enteramos precisamente ahora. Las recientes revelaciones, en los últimos días de campaña, en torno a comportamientos de hace dos años de un ministro del gobierno en funciones me suscita mucho escepticismo. ¿Se desea de verdad, como se dice, contribuir a la regeneración del país? ¿O es más bien un modo de descalificar al adversario en el momento que más nos conviene, y no por razones de bien común, sino movidos por intereses que nunca se atreven a confesar?

Es de temer que en muchos archivos se escondan “trapos sucios” sobre distintas personas esperando el momento adecuado para hacerlos públicos. Y quiéçn sabe si, entretanto, no se están manejando para mantener cerrada la boca de algunos, a los que se amenaza con desvelar lo que se mantiene oculto. ¿Se puede decir que, en casos como éstos, los medios actúan al servicio de la sociedad y del derecho a la información? Me resulta una afirmación demasiado cínica…

Todavía una tercera consideración. ¿Basta con perseguir y castigar a los corruptos? ¿No ha llegado a ser la corrupción un problema que va más allá de las personas corruptas? No se entienda esta pregunta como tolerancia con los acusados de corrupción. Pero, en determinados casos ocurridos en nuestra región andaluza, y que han llevado ante los tribunales a dos expresidentes de la Junta, llama la atención oír en boca de tanta gente: “eso todo el mundo lo sabía”. Y todo el mundo se callaba… ¿Por miedo? ¿Por ser los primeros beneficiarios de esas prácticas? ¿Por qué se llegaba a considerar como algo “natural”? Muchos que callaron durante años no ahorran ahora expresiones de escándalo y de durísima condena.

Con otras palabras, la corrupción ha crecido en nuestro país en ese terreno abonado por una mezcla de indiferencia y de interés, por una benévola (¿e ingenua?) tolerancia. La corrupción no es sólo problema de unos cuantos, a los que hay que perseguir: en el fondo, es responsabilidad de todos. ¿No es de sensibilidad ética de lo que estamos escasos los ciudadanos? Falta una sensibilidad hacia lo público, a lo que se considera, no como algo sagrado por ser de todos, sino como una fuente de oportunidades para los más avispados.

 

Ildefonso Camacho SJ

Universidad Loyola Andalucía