La decimoctava Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que se celebra en Ginebra, ha aprobado la inclusión de la jirafa en el Apéndice II de la Convención por más del 80% de los votos a favor, 16% en contra y 7 abstenciones.

​A partir de ahora los países exportadores de esta especie (ya sean animales vivos, trofeos de caza o partes de especímenes) tendrán que acreditar en cada exportación que ésta no tendrá un efecto perjudicial para la supervivencia de la especie o la extensión de su área de distribución. Las exportaciones deberán realizarse, además, contando con los permisos de exportación e importación requeridos por la Convención.

La jirafa era la única de las especies de mamíferos icónicas de África que no estaba incluida en la Convención, aunque sí figuraba ya en el Anexo 2 de la Convención de Especies Migratorias (CMS). Según la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), la especie ha sufrido un declive cercano al 40% de su población entre 1985 y 2015 que continúa en la actualidad, por lo que está seriamente amenazada y ha sido evaluada como Vulnerable por dicho organismo. Quedan menos de 70.000 jirafas adultas en estado salvaje.

La jirafa cuenta con ocho subespecies que probablemente podrían agruparse en cuatro especies distintas, sin intercambio genético entre ellas, según numerosos estudios científicos, en lugar de la única especie que se reconoce actualmente. La mayoría de estas subespecies han sufrido declives aún mayores en las últimas décadas y consecuentemente han sido clasificadas por la UICN en categorías de amenaza mayores que el conjunto de la especie. Así, por ejemplo, la jirafa masai del este de África, a la que pertenecen la mitad de los ejemplares existentes, ha sido declarada en peligro muy recientemente. Otras subespecies cuentan con tan sólo unos pocos cientos de ejemplares, mientras que sólo las de África meridional se encuentran fuera de peligro o incluso en aumento.

Aunque el comercio internacional no es la principal amenaza para la especie, la matanza ilegal de jirafas en su conjunto sí ha sido identificada como una de las amenazas para la especie, junto a la pérdida de hábitat, los efectos de los conflictos civiles y los cambios ecológicos. Además, las jirafas tienen una vida muy corta, de tan sólo 15-17 años, y producen una sola cría cada 20 meses, siendo la mitad de ellas presa de los leones en sus primeros meses de vida. Por ello, el potencial de crecimiento de las poblaciones es ínfimo incluso en óptimas condiciones naturales. Cualquier factor adicional, como el furtivismo o el comercio, que haga aumentar la mortalidad natural, puede tener consecuencias muy negativas para las poblaciones más pequeñas de la especie.

España y la República Checa han realizado un gran esfuerzo en promover y apoyar la inclusión de la jirafa en el Apéndice II de la Convención CITES mediante la preparación de la documentación técnica necesaria, contando con el respaldo consensuado de todos los miembros de Unión Europea. El resultado alcanzado contribuirá a los esfuerzos de conservación de los países que albergan las poblaciones más amenazadas de esta especie, a la vez que no supondrá ningún impedimento para que las poblaciones no amenazadas puedan seguir siendo sometidas a un uso regulado y sostenible.

Conservación de buitres africanos

La Conferencia de las Partes de CITES ha adoptado una serie de decisiones destinadas a luchar contra las amenazas que han mermado gravemente (en un 50-90%) las poblaciones de las seis especies de buitres del oeste de África, todas ellas ya incluidas en el Apéndice II de CITES. Dos de estas especies están En peligro crítico y cuatro, En peligro. Una de estas seis especies, el alimoche, es migratoria y se reproduce también en Europa y en España en particular.

En concreto, CITES se compromete a colaborar con la Convención de Especies Migratorias (CMS) en la aplicación del Plan de Acción internacional para estas y otras nueve especies de buitres, muchas también muy amenazadas; a solicitar información a las Partes sobre los problemas de estas especies y las acciones emprendidas para su conservación, así como a programar nuevas acciones en función de la información recibida.

Últimamente se están dando casos de envenenamientos masivos de buitres en África, provocados por cazadores furtivos de elefantes y rinocerontes que eliminan a los buitres para que no delaten la presencia de los cadáveres cazados ilegalmente. Por lo tanto, existe una relación directa entre el uso de veneno y la caza furtiva para obtener marfil o cuerno de rinoceronte.

Por otro lado, diferentes productos de buitres del oeste de África, como cabezas, pieles e incluso carne, se encuentran con facilidad en numerosos mercados africanos y a menudo son comerciados internacionalmente entre algunos países. Su consumo se debe a la creencia de que cura ciertas enfermedades o confiere propiedades especiales a los humanos. La rarefacción de fuentes de alimentación, degradación del hábitat y las electrocuciones y choques con líneas eléctricas y turbinas eólicas son otras causas de su declive.

Esta propuesta ha contado con el apoyo de España y de toda la UE.