por Alejandro López Ortega

– Uno de los aspectos fundamentales de la estrategia de la NASA para las próximas décadas es aumentar la presencia de humanos en el Espacio. Las razones de esta decisión son diversas: por un lado, nos encontramos con el natural deseo del ser humano de explorar más allá de los límites conocidos (lo que sería un equivalente actual al descubrimiento de América); por otro, tenemos argumentos menos románticos como el de tener la capacidad de explotar los recursos (minerales, energía) del Sistema Solar o el de diseñar una estrategia para salvar la raza humana en caso de que una catástrofe natural o de cualquier otro tipo asole nuestro planeta.

Alejandro-Lopez-Ortega-1La exploración espacial con seres humanos alcanzó su punto álgido con la llegada del hombre a la Luna. A partir de ese momento, y también debido al colapso económico de la Unión Soviética, las misiones tripuladas fueron sustituidas progresivamente por misiones robóticas, que tenían la capacidad de explorar lugares del sistema solar inaccesibles para el ser humano y con un coste mucho menor. La presencia humana en el Espacio en la última década se ha limitado a las cercanías de nuestro planeta, en concreto a la construcción de estaciones espaciales como la rusa MIR o la más reciente Estación Espacial Internacional.

Uno de los objetivos fundamentales de la Estación Espacial Internacional es el estudio de los efectos de la falta de gravedad en los seres vivos. Además de conocer los efectos en el ser humano, debemos entender en qué circunstancias otros seres vivos, como las plantas, pueden sobrevivir y crecer en el espacio, con el fin de proveer de alimentos a las tripulaciones. Es importante resaltar que todos los problemas relacionados con la vida en el Espacio no pueden resolverse mediante las observaciones realizadas en la Estación Espacial Internacional. Por ejemplo, el campo magnético que nos protege de la radiación solar también protege a la Estación Espacial, con lo cual es difícil determinar si existen efectos no conocidos de la radiación que puedan afectar a la supervivencia de seres humanos en el espacio profundo. Las misiones a la Estación Espacial Internacional son normalmente de corta duración. Los astronautas pasan unos pocos meses en el Espacio antes de volver, dedicando su tiempo en órbita a realizar experimentos científicos. El paradigma cambia cuando el propio astronauta se convierte en el experimento, este es el caso de Scott Kelly y Mikhail Korniyenko. Estos dos veteranos astronautas (o cosmonautas como son llamados en Rusia) regresaron a la Tierra el pasado 2 de marzo tras pasar 342 días en la Estación Espacial Internacional. El objetivo de la misión no es otro que el de investigar los efectos sobre la salud y psicológicos que tiene la vida en el Espacio. Aunque existen aparatos de ejercicio a bordo, la falta de gravedad atrofia los músculos de las articulaciones, elonga la espina dorsal hasta tres centímetros y concentra la mayoría de la sangre en la parte superior del cuerpo. Debido a la mayor presión sanguínea en el cráneo, los astronautas suelen tener problemas de visión. El hermano gemelo de Scott Kelly será utilizado como referencia en las pruebas posteriores a la misión para determinar efectos de la vida en el espacio que no han sido identificados hasta ahora. Los efectos psicológicos de una estancia prolongada en un pequeño espacio también están siendo examinados. En concreto, los científicos temen efectos adversos relacionados con la ausencia de un entorno familiar: la falta de olores o la falta de elementos visuales que tomamos como normales como el azul del cielo o el verde de los árboles pueden tener un efecto adverso sobre la estabilidad emocional de aquellos elegidos para explorar el espacio profundo.

El mensaje final de esta misión es que la exploración del espacio profundo por parte del ser humano requiere un gran esfuerzo de investigación que debe aunar diferentes disciplinas de la ciencia: medicina, psicología, ingeniería, geología, etc. Volviendo al símil del descubrimiento de América, muchos se lanzaron a la aventura con la promesa de grandes riquezas, sin saber a ciencia cierta que riesgos entrañaba la misión, como por ejemplo enfermedades desconocidas. Era una época en la que la vida de un ser humano no valía gran cosa. Actualmente, continuamos explorando las fronteras de lo desconocido, pero tomando las precauciones necesarias para que los primeros exploradores no sean simplemente “conejillos de Indias” y tengan grandes posibilidades de completar sus misiones con éxito y sin efectos adversos significativos.

 

Alejandro López Ortega

Doctor en Ingeniería Aeroespacial, Investigador en Jet Propulsion Laboratory. NASA