Los trabajadores humanitarios en Yemen están en una “carrera contra el tiempo” para ayudar a las autoridades a suprimir la propagación del coronavirus y a preparar y equipar instalaciones en caso de que las personas se enfermen.

“La amenaza de COVID-19 es tan aterradora que tenemos que hacer todo lo posible para detener la propagación del virus y ayudar a las personas que pueden infectarse, pero tenemos que ser francos, las probabilidades están en contra de nosotros. Ya estamos apoyando la operación humanitaria más grande del mundo, llegando a más de 13 millones de personas cada mes”, afirmó la coordinadora humanitaria de la ONU para ese país, Lise Grande.

En Yemen, a causa del conflicto, las condiciones de operación son restrictivas y hay una falta permanente de recursos. 

La Organización Mundial de la Salud tiene 333 equipos de respuesta rápida en el país y espera aumentarlos a 999, está equipando y mejorando a 37 hospitales, ha adquirido cientos de miles de camas de unidades de cuidados intensivos y ventiladores, algunos ya han logrado distribuir, y el resto se hará tan pronto las condiciones lo permitan.  También ha distribuido 6700 pruebas para la detección del coronavirus y asegurado unos 32.400 adicionales que llegarán pronto. 

“Necesitamos las condiciones adecuadas que nos permitan hacer nuestro trabajo y necesitamos fondos”, dijo Grande.

Yemen sigue siendo el peor desastre humanitario del mundo. Casi el 80% de la población requiere algún tipo de asistencia humanitaria y protección. Diez millones de personas están a un paso de la hambruna y siete  millones de personas están desnutridas. De los 41 principales programas humanitarios de la ONU, 31 se reducirán o cerrarán a menos que se reciba financiación con urgencia.