Además, la degradación de la calidad de la tierra es responsable de la reducción del producto nacional bruto en un 8% cada año. Nuestra tierra se desgasta.

“La desertificación, la degradación de las tierras y la sequía son grandes amenazas que afectan a millones de personas en todo el mundo, en particular a mujeres y niños”, asegura el Secretario General de la ONU en un mensaje difundido con el motivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

António Guterres señala que es “urgente” cambiar esta tendencia: “Proteger y restaurar la tierra y utilizarla mejor puede reducir la migración forzada, aumentar la seguridad alimentaria y estimular el crecimiento económico.”

El cuidado de la tierra también puede ayudarnos a afrontar la emergencia mundial que nos plantea el cambio climático.

Bajo el lema “Hagamos crecer el futuro juntos”, el Día Mundial de 2019 se centra en tres temas clave relacionados con la tierra: la sequía, la seguridad humana y el clima.

Para el 2025, dice la ONU, dos tercios del mundo vivirán en condiciones de “estrés hídrico”, cuando la demanda supere la oferta durante ciertos períodos, con 1800 millones de personas que experimentarán una escasez absoluta de agua. Es probable que la migración aumente como resultado de la desertificación, y la ONU estima que, para 2045, será responsable del desplazamiento de unos 135 millones de personas.

La importancia de garantizar que la tierra esté bien administrada figura entre los objetivos de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que declara que “estamos decididos a proteger el planeta contra la degradación, mediante el consumo y la producción sostenibles, la gestión sostenible de sus recursos naturales y medidas urgentes para hacer frente al cambio climático, de manera que pueda satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras”. Específicamente, el objetivo número 15 de esa Agenda establece nuestra determinación de detener y revertir la degradación de la tierra.