Luego de más de cinco horas de motín, las autoridades confirmaron que al menos 57 reclusos del Centro de Recuperación Regional de Altamira, en el sudeste de Pará, perdieron la vida. De entre ellos, 16 fueron decapitados y los otros 36 fallecidos murieron asfixiados a raíz del humo que se propagó por diversos espacios del complejo carcelario después de que los atacantes se encerraran en un salón e incendiaran el recinto.

Se trata de la segunda mayor masacre en presidios brasileños en lo que va de 2019. El pasado mayo, 55 reclusos fueron asesinados en menos de 48 horas en cuatro prisiones de la ciudad de Manaos, también en el norte de Brasil, ocasión que volvió a suscitar un intenso debate sobre las condiciones de las cárceles en el país.

El trágico motín de este lunes ha vuelto a reabrir el intenso debate sobre las precarias condiciones penitenciarias de Brasil, el tercer país con más reclusos en el mundo, detrás de Estados Unidos y China.

El Consejo Nacional de Justicia detalló en un informe que el presidio mantiene un total de 343 reclusos, más que el doble de su aforo, que es de 163 plazas. El Centro de Recuperación Regional de Altamira cuenta con condiciones que fueron clasificadas como “pésimas” debido a su situación de superpoblación y escasez de agentes carcelarios.