Tras el dramático deslizamiento de tierras de la semana pasada provocado por las lluvias, en La Paz se evaporan las esperanzas de encontrar alguien con vida. Cuatro personas siguen desaparecidas. Las familias piden que se recuperen los cuerpos y denuncian que nadie les avisó del peligro.

Los equipos de rescate siguen trabajando en una vasta zona en la que se mezclan los escombros y una masa negra y húmeda que pertenece a residios de un viejo basurero. Buscan a las víctimas, al tiempo que tratan de estabilizar el terreno.

Al menos 160 viviendas resultaron afectadas, entre las destruidas y las que aún se mantienen en pie, pero con riesgo de colapsar en cualquier momento.

El desastre ha dejado más de 700 damnificados. Muchos de ellos han encontrado refugio en un gran campamento levantado en una cancha de deportes a poca distancia del lugar de la tragedia. Las autoridades han prometido un terreno para levantar en él nuevas viviendas.

Este deslizamiento ha puesto de relieve el grave problema en la ciudad boliviana debido a la expansión urbanística descontrolada por las montañas circundantes.