En Arabia Saudita, treinta y siete saudíes condenados a muerte por terrorismo, fueron decapitados el pasado martes en varias provincias del Reino: es la mayor ejecución masiva que tiene lugar en el país desde el 2 de enero de 2016. Así lo informa el Ministerio del Interior de Riad. La pena de muerte fue decidida por los tribunales de La Meca, Medina, la provincia central de Qassim y la Provincia Oriental, la base de la minoría chiíta del país.

Según  un comunicado del Ministerio del Interior publicado por la agencia estatal Saudi Press Agency,  una de las personas fue crucificada después de su ejecución, un castigo reservado a delitos particularmente graves.  Los condenados, fueron acusados de haber adoptado “ideologías extremistas y formado células terroristas”. Al menos 34 de ellos eran chiítas, según los expertos que examinaron la lista de nombres. Desde principios de año, al menos cien personas han sido ejecutadas en el Reino Saudí, según un recuento basado en datos oficiales publicados por la agencia SPA.

Amnistía Internacional denuncia que las personas fallecidas fueron condenadas a través de “procesos irregulares”, basados en “confesiones” extraídas mediante tortura.  Asimismo, evidencia que la ejecución de 37 presos condenados por terrorismo, uno de los cuales era menor de edad en el momento del crimen, marca una “alarmante escalada” en el uso de la pena de muerte en Arabia Saudita.

Por su parte, Michelle Bachelet, la Alta Comisionada para los derechos humanos de Naciones Unidas, ha condenado, “en los términos más firmes”, la ejecución y dijo que se advirtió a las autoridades saudíes sobre “la ausencia de un debido proceso y garantías en el juicio” de los ejecutados.