Decía Hesíodo que “La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”, ¡qué buen tino el del poeta griego! y es que desde el SVII a.C. ya se dieron cuenta de la importancia vital de la educación en la vida de una persona… La educación pone a tu ánimo en “modo Dora la Exploradora” y te lleva a descubrir(te), te ayuda a seleccionar, forja tu criterio, nutre tus competencias, fomenta tus pasiones y, en definitiva, ayuda a definir tu personalidad, anunciando al mundo cuál es tu valor diferencial.

¡Como un héroe de acción!
“Educar” es un verbo que se conjuga vivenciando: desde el disfrute, desde la admiración mutua profesor-alumno, desde la pasión personal, desde la diversión de darle vida a los conceptos con tu imaginación… La educación es como un héroe de acción: siempre va a estar ahí para ayudarte cuando estés en problemas y en épocas más tranquilas, te acompañará como una buena amiga.

La heroicidad y la acción son dos atributos esenciales de aquellos que eligen formar parte del apasionante proceso educativo; por un lado, educar es heróico porque, en la vida, no hay mayor hazaña que contribuir a formar lo que nunca engaña: la visión de los más jóvenes, su criterio, su alma; y, por otra parte, educar es un proceso activo, ya que requiere de una ejemplificación constante para calar de verdad en la actitud del que está aprendiendo, es sencillo: practicar, practicar y practicar si quieres que el mensaje llegue de verdad, y esa “práctica” lleva un apellido: coherencia, esto es, si tu práctica no es coherente con lo que pregonas, no llegará al corazón de los alumnos y, por tanto, no se desarrollará su “¡TOMA!” (TOque MÁgico) -la magia tiene lugar a nivel emocional, de modo que si la lección no toca el corazón… poca repercusión-.

Los patines de la sociedad

De pequeña me encantaba patinar, sencillamente porque era divertido: eso de llevar ruedas en los pies, molaba. Además que te ponías en forma, casi sin darte cuenta (porque como lo estaba disfrutando, ¡el tiempo pasaba volando!). Con la educación pasa algo similar, de hecho podría decirse que la educación funciona como los patines de la sociedad. Piénsalo, una buena educación es instructiva a la par que divertida, y tiene la habilidad de hacer que tu mente y tu corazón estén en forma porque ¡están disfrutando, se lo están pasando bien! Los patines de la sociedad (la educación) hacen que el mundo vaya sobre ruedas, seguro que has escuchado alguna vez esa expresión “¡esto va sobre ruedas!”, es una manera de decir que la cosa marcha bien, y ¿cuándo van bien las cosas? Cuando se cumple con la visión… ¡Voilà! Ahí tienes de nuevo a la educación: la genuina visionaria, responsable de la evolución social, profesional, humana, personal…

Personas extraordinarias

Angela Merkel dijo recientemente: “Los profesores no son personas comunes y las personas comunes no son profesores. Por favor, no elija ser profesor si no está preparado para eso. Los profesores en Alemania reciben un salario alto. Cuando ingenieros, médicos, jueces… reivindican equiparación salarial con ellos, les digo: ¿cómo les voy a comparar a ustedes con quién les enseñó?”. Buenísima reflexión de Merkel, aquí deberíamos tomar nota… Los profesores tienen un valor incalculable y deberíamos profesarles mayor respeto y admiración a los responsables de nutrir nuestra visión porque solo las personas extraordinarias ayudan a que existan más personas extraordinarias. Si quieres conocer de primera mano qué es lo esencial de enseñar, mírate al espejo y tú mismo te podrás contestar, pues mucho de lo que eres hoy y de todo aquello en lo que eres diestro, se lo debes a la dedicación incondicional de tus maestros…

María Graciani | Escritora, conferenciante, periodista

@m_graciani

Artículo incluido en el número de diciembre de la revista Agenda de la Empresa