En la fiesta de la Asunción de la Virgen, el Papa reflexionó sobre la oración del Magnificat, en el cual se puede constatar que el verdadero motivo de la grandeza de María es la fe.

Asomado a la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico y ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el Papa francisco dijo: “Hoy la Iglesia celebra una de las fiestas más importantes dedicada a la beata Virgen María: la fiesta de la Asunción. Al término de su vida terrena, la madre de Cristo subió en alma y cuerpo al cielo, es decir en la gloria de la vida eterna, en la plena comunión con Dios”.

“Ella sabe –y lo dice- que en la historia pesa la violencia de los prepotentes, el orgullo de los ricos, la arrogancia de los soberbios. No obstante, María cree y proclama que Dios no deja solo a sus hijos, humildes y pobres, sino que les socorre con misericordiosa premura, derribando a los poderosos de sus tronos, dispersando a los orgullosos de corazón”, apuntó.

Al momento de sus saludos, Francisco expresó su cercanía a los afectados por las violentas explosiones del miércoles pasado en el puerto de Tianjin, al norte de China, que dejaron al menos 85 muertos y 721 personas hospitalizadas. Un evento que tuvo su origen en una bodega usada para almacenar químicos tóxicos y causó graves destrozos en varios kilómetros a la redonda.
“Mi pensamiento va, en este momento, a las poblaciones de la ciudad de Tianjin, en China septentrional, donde algunas explosiones en el área industrial causaron numerosos muertos y heridos, además de ingentes daños”, dijo, hablando en italiano.
“Aseguro mi oración por aquellos que han perdido la vida y por todas las personas afectadas por esta tragedia; el señor de alivio a ellas y sostén a cuántos están empeñados en aliviar sus sufrimientos”, añadió.