Sin lugar a dudas, el año 2017 pasará a la historia como el del inicio del fin de la crisis en lo que a destrucción de empleo y parálisis económica se refiere, una salida de la crisis que ha sido notada en mayor o menor medida por una ciudadanía que en su gran mayoría aún no ha percibido por una claridad rotunda en su día a día el proceso de cambio que nuestra economía ha experimentado en este año que ahora termina.

Por delante, nos queda así un año 2018 cargado de oportunidades y de desafíos, en el primer ámbito con la necesaria consolidación de la recuperación de la economía que deberá tener reflejo en el día a día del conjunto de la sociedad española, siendo a partir de este nuevo ciclo económico donde deberemos construir a través de la alianza público privada hoy más fundamental que nunca, un modelo de crecimiento óptimo en donde la innovación, la capacitación y la apuesta por los motores de crecimiento productivos propios de nuestro territorio como los vinculados al sector turístico y de servicio que deberán ser, a su vez, acompañados por otros como los de la apuesta por la innovación, la investigación, la biociencia o la Industria 4.0, sectores capaces de tejer una Andalucía en vanguardia y con capacidad para atraer a nuestras ciudades y municipios el talento que en la crisis económica emigró fuera de nuestra tierra, un talento que hoy, cargado de conocimientos y experiencias, se muestra fundamental para la construcción de una Andalucía fuerte y con capacidad de avanzar con paso firme hacia el futuro.

Por ello, la puesta en marcha de un programa de recuperación y repatriación del talento andaluz en los campos de nuevos yacimientos de riqueza vinculados a la cuarta revolución industrial sería, a todas luces, una oportunidad a aprovechar a través del acuerdo entre la administración autonómica y el sector privado.

Pero junto a esta medida, otras se presentan en el horizonte de un 2018 que deberá servir para hacer posible que Andalucía sea un referente en el cambio de lucha contra el cambio climático y la sostenibilidad, elementos estos en donde la apuesta por las empresas del sector se muestra como fundamental en un marco en donde Europa volverá a ser el epicentro del debate en estos campos en los que la economía verde se abrirá paso, cada vez con mayor rapidez, en un mundo que ya no puede dar la espalda a la realidad del calentamiento global.

Pero, junto a este análisis, no podríamos dejar de señalar los desafíos que el año que viene dejarán en otros sectores como el de la agricultura en una tierra, Andalucía, que deberá ya apostar de manera decidida, más si cabe, por el modelo de agroindustria en alianza con otros territorios como Extremadura o Castilla La Mancha, llamados a ser el pilar fundamental en este campo en el sur de Europa y que, desde la colaboración interterritorial, deberían buscar los puntos de unión y desafíos en común para mejorar la capacidad productiva y de competitividad en un mercado cada vez más global.

Tal vez, en la estrategia de la mejora de la competitividad de Andalucía, la planificación estratégica por territorios y hubs de conocimiento que sirvieran para poner en valor lo mejor de cada uno de los mismos y, al mismo tiempo, la puesta en marcha de alianzas con las comunidades autónomas limítrofes vendrían a fortalecer a un sur cada vez más al sur que enfrenta en este momento el desafío de no quedarse atrás ante una revolución, la tecnológica y 4.0, que hoy amenaza con generar una importante brecha entre regiones y países, entre quienes avanzan hacía al futuro y quienes se anclan en el pasado. El tiempo dirá que en Andalucía somos capaces de construir entre todos, desde la cooperación y la colaboración, desde la suma y no la resta que solo sirve para mermar las capacidades de una región única, si es capaz de ir unida hacia su futuro.

Josu Gómez Barrutia

Consultor, emprendedor, experto en liderazgo, emprendimiento e innovación