REAL ORQUESTA SINFÓNICA DE SEVILLA: 1º de abono

Director: John Axelrod

Violín: Alexandre Da Costa

Obras de Richard y Siegfried Wagner

“Soberbio innovador de la música, ardientemente admirado y ardientemente combatido, la vida y el arte de Richard Wagner se confunden en una misma púrpura gloriosa”. (Friedrich Herzfeld).

Pasado el mal sabor que nos dejó la ROSS en su huelga de finales del curso pasado, este “curioso” concierto wagneriano, reconciliador y novedoso, nos descubre una obra sólidamente construida que se acerca al mundo cordial de las leyendas, en especial las del amigo y maestro de Siegfried Wagner, Humperdinck, autor de la famosa ópera Hänsel und Gretel.

No cabe duda de que el ejemplo wagneriano determinó la manera de componer óperas.También es cierto que muchos aficionados a la música ignoraban la existencia de Siegfried, hijo de Richard Wagner , cuya visita a España a principios del siglo XX-según recogen testimonios de la época-  quedó algo ensombrecida por los méritos sobresalientes de directores como Weingartner, Nikish, Colonne o Lamoureux a quienes se debió la difusión de las grandes sinfonías alemanas y rusas, entre otras.

En el Concierto para violín y orquesta de Siegfried Wagner, planteado como un poema sinfónico en un único movimiento, se aprecian dos caras perfectamente diferenciadas, aunque el final nos transporte hacia una atmósfera “bucólica y risueña” que no disipa la sombra siniestra de una política infame, entusiásticamente alentada desde la cima del poder, con Winnifred (viuda de Siegfried) como estandarte. Las consideraciones estéticas fueron reemplazadas por la terrible realidad en la que parecían convivir dos fuerzas poderosas. En cuanto al Idilio de Sigfrido, en su versión orquestal, se trata una especie de canción de cuna ‘familiar’ en la que la trompa adquiere singular protagonismo.

El Preludio y muerte de Isolda -de carácter privado en la versión de concierto, de la intervención de la voz humana- incluye un crescendo de irresistible atractivo que le convierte en una de las páginas más populares de la música, incluso para los wagnerianos más reticentes y alejados de la aureola del músico de Bayreuth, a quien podríamos aplicar el comentario de André Gide a propósito de Victor Hugo: “¿Quién es el más grande poeta francés? – “¡Ay!, ¡Victor Hugo!”.

John Axelrod -siempre meticuloso- ha confeccionado para este curso recién inaugurado un programa atractivo que recorre no solamente los hitos del sinfonismo, a través de sus grandes nombres, sino que aborda nuevas obras que permitirán al aficionado adentrarse en un mundo desconocido: como sucede en este Concierto de S. Wagner que, a decir verdad, es recibido con cortesía, pero sin entusiasmo. ¡Llamarse Wagner y ser compositor!

Alexander Da Costa presenta, sin el menor atisbo de pretensiones extemporáneas, una trayectoria en la que abundan las distinciones más relevantes: Primer Premio del Conservatorio de Música de Québec, Premio Virginia Parker como reconocimiento a su carrera internacional …infinidad de galardones de acreditado prestigio, que, en modo alguno, menoscaban la auténtica dimensión de este joven y ya maduro artista. No quisiéramos, sin embargo, trasladar al lector la errónea impresión de que estamos ante un “acaparador de premios”, aunque la mera lectura de su carrera  profesional pudiera  sugerir algo distinto .En su actuación con la ROSS, Da Costa se convirtió en valedor de un Concierto denso y grandilocuente, una partitura algo ‘mazorral’ -si se me permite la expresión- que se beneficia de los valores de proximidad con el autor de la Tetralogía. Da Costa se convierte así en el protagonista que ha ‘resucitado’ para las salas de concierto una obra rica en acentos grandilocuentes, planteada como “un poema sinfónico, en un único movimiento, todo un desafío a los valores estéticos del wagnerismo.

John Axelrod –siempre meticuloso- ha confeccionado para este curso recién inaugurado un programa atractivo que recorre no solamente los hitos del sinfonismo, a través de sus grandes nombres, sino que aborda nuevas obras que permitirán al aficionado adentrarse en un mundo desconocido: como sucede en este Concierto de S. Wagner que, a decir verdad, es recibido con cortesía pero sin entusiasmo. ¡Llamarse Wagner y ser compositor!.

MFR