Son las nueve de la mañana de un jueves de finales de enero y, qué digo el vagón, el convoy entero del metro va repleto. Al subir, un cochecito de bebé junto a la puerta hace más dificultoso el acceso si cabe, pero la gente lo sortea como puede y busca un lugar donde ubicarse. No hay un asiento libre desde luego y los viajeros que vamos de pie no necesitamos sujetarnos pues la propia densidad de viajeros nos mantiene estables.

Al llegar a la primera parada del trayecto tras los consabidos anuncios de la estación de arribada y el “mind the gap” de rigor una vez han descendido y montado quien así lo ha querido, por megafonía avisan que ha habido un incidente dos estaciones más adelante por lo que el metro va a permanecer parado en la actual estación hasta que se resuelva y que ya nos irán avisando.

Impresionante por no decir sorprendente la reacción de los pasajeros, ¡ninguna!, por lo menos exteriorizada. Ninguna mueca, ningún gesto de queja en los semblantes, ni una palabra más alta que la otra.

¡Ahora entiendo! No estamos en España, estamos en Londres, parados en Lancaster Gate de la “Jubilee line”.

Con una cadencia casi británica que no suiza, dado que los británicos reclaman para ellos la maestría en el diseño y construcción de relojes, cada noventa segundos la misma voz va avisando de si evoluciona o no el incidente.

Ellos denominan “misconception”, una idea equivocada el que se atribuya a los europeos (sí, europeos escriben y nos extrañamos que se quieran ir) la titularidad de la maestría original en la fabricación de relojes mecánicos, los europeos escriben ellos.

No contentos con ello sobre el diseño de un reloj Swatch actual asignan casi cada una de sus piezas clave a un determinado maestro relojero londinense. Por ejemplo, uno de los muelles en espiral de la maquinaria lo adjudican al Dr. Robert Hooke y, abundando más, dicen que la patente data de 1664. También nada menos que la palanca de escape, según el dibujo, la pieza más importante de la maquinaria, es originalmente de Thomas Mudge, de allá por 1755. Y así con hasta siete piezas clave que recoge la fotografía que acompaña el artículo tomada en la sección del Museo de Ciencias de Londres denominada “The Clockmakers’ Museum” (1). En su pie dice: “El actual reloj suizo “Swatch” es una demostración de varias de las contribuciones de los antiguos relojeros londinenses a la contemporánea manufactura de relojes mecánicos”.

Bueno, volvamos a nuestro vagón de metro. Pasados unos diez minutos desde que nos quedamos parados, la misma voz, además de confirmar que siguen intentando resolver el incidente un par de estaciones más adelante (en Bond Street si no recuerdo mal), comienza a proporcionar alternativas de itinerarios a aquellos pasajeros que no puedan esperar más sin avanzar hacia su destino.

Qué odiosas son las comparaciones, hace apenas unos meses, la última vez en que una compañía aérea (no irlandesa) nos dejó en tierra por un retraso excesivo que impidió al avión despegar del aeropuerto de Sevilla, no solo no informaba con regularidad y transparencia, sino que desinformaba haciéndonos creer al pasaje, al cambiarnos de sala de espera y por medio de su aplicación, que íbamos en algún momento a despegar.

Aquí, en Londres, tras los últimos avisos, algunos pasajeros optaron por bajarse mientras el resto continuó en silencio, la mayoría absortos en sus teléfonos, a la espera de que se reanudara la marcha, cosa que sucedió tras otros diez minutos más de espera. Tranquilidad absoluta en el vagón, imagino que también resignación, pero llevada en la intimidad.

Este retraso me hizo reflexionar entre la diferente conducta entre los latinos, por no decir españoles, y los sajones (haciendo abstracción del hecho de que en mi mismo vagón si no había personas de mínimo cinco razas distintas y de una quincena de países de procedencia no había ninguna).

¿Es esta conducta acaso una muestra de la famosa flema británica? Cierto es que si tenemos en cuenta que durante la II Guerra Mundial los alemanes lanzaron sobre Inglaterra más de ocho mil seiscientos cohetes autopropulsados V1 y casi dos mil quinientos impactaron sobre Londres, ¡qué son veinte minutos de retraso!

Álvaro Vioque

mm4edu

mktg.&management for education

@AlvaroVioqueG

(1) https://www.sciencemuseum.org.uk/see-and-do/clockmakers-museum