Son las cifras del último informe ‘Travesías Desesperadas’, publicado hoy por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados

– Unas 2.275 personas murieron o desaparecieron cruzando el Mediterráneo en 2018, a pesar de la importante caída en el número de llegadas a las costas europeas. En total, 139.300 refugiados e inmigrantes llegaron a Europa, el número más bajo en cinco años.
La mayoría de las muertes se produjeron tras salir de Libia (más de 1.100) o en naufragios.  En la ruta de Libia, una de cada 14 personas que intentaba llegar a Europa perdió la vida, lo que representa un fuerte aumento con respecto a 2017.

El informe destaca que las llegadas a las costas europeas disminuyeron respecto al año anterior (139.300 frente a 172.324), pese al incremento en la ruta occidental, que llega a España, donde las llegadas aumentaron en un 131% (de 28.300 en 2017 a 65.400 en 2018).

El informe describe cómo los cambios en las políticas de algunos Estados europeos han provocado numerosos incidentes en los que un gran número de personas han quedado varadas en el mar durante días y días, esperando una autorización para desembarcar. Los barcos de las ONG y sus tripulaciones han afrontado mayores restricciones en sus operaciones de búsqueda y rescate. En la ruta de Libia a Europa, por cada 14 personas que lograron llegar, una perdió la vida en el mar, lo que representa un drástico aumento frente a los niveles de 2017. Además, se cuentan por miles las que fueron retornadas a Libia, donde viven en condiciones deplorables en los centros de detención.

Para muchas de estas personas, poner un pie en Europa representa la última parada de un espeluznante viaje en el que han sufrido torturas, violaciones y agresiones sexuales, y la amenaza de ser secuestrados y retenidos para obtener un rescate. Los Estados deben tomar medidas urgentes para desmantelar las redes de tráfico de seres humanos y llevar ante la justicia a los responsables de estos delitos.