La guerra del Yemen,  que involucra a los estados árabes del Golfo Pérsico y a la República Islámica de Irán, se complica aún más con la muerte del expresidente  del país, Ali Abdallah Saleh, una figura de relieve por más de tres décadas.

El asesinato De Saleh, que murió el lunes en una emboscada de sus antiguos aliados hutíes cuando intentaba salir de Saná, demuestra la ferocidad de los combates de la guerra en este país. Los rebeldes chiítas hutíes, cercanos a Teherán y con los cuales Saleh era aliado hasta el sábado pasado, anunciaron la muerte del exmandatario al que acusaron de “traición”. Durante las horas siguientes al anuncio, en toda la capital se desataron enfrentamientos entre milicianos hutíes y seguidores de Saleh.

El pasado sábado Saleh había anunciado que se preparaba a unirse con sus adversarios de la Coalición guiada por Arabia Saudita.

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, “invitó a todas las partes en conflicto a cesar con las agresiones” y les pidió “respetar las obligaciones previstas por el derecho humanitario”