Sin duda, vivimos unos tiempos complejos y lo son tanto porque, al mismo tiempo que estamos progresando, parece que estamos caminando hacia atrás como los cangrejos pero con limites perversos. A mí me recuerda un poco la frasecita de la “reina roja” del cuento extraordinario que nos dejó Lewis Carol Alicia en el país de las maravillas. La reina le dice a Alicia: “aquí tienes que correr a toda velocidad para poder permanecer en el mismo lugar”. Sin duda, sería aplicable para esta generación de nuevos universitarios que se enfrentan a un mundo laboral cambiante y a esta digitalización que hace envejecer las cosas antes de que aprendamos a utilizarlas.

Todo eso de la tecnología está muy bien, pero la cuestión está en conservar los valores y el aprendizaje que nos hizo llegar hasta aquí; y a mí me preocupa el desconocimiento de la historia que tienen nuestros jóvenes. A nadie le importa lo que pensaba Marco Aurelio o quién era Arquímedes, a pesar de que inventara la primera máquina de vapor hace más de 2.000 años; tampoco les preocupa saber porque existió la revolución hippie en el 68, ya que tienen otros símbolos. El problema es que alguien dicte el camino de su vida porque no quieren o no saben tomar sus propias decisiones, quizás porque no tienen criterio y al final resulta que Justin Bieber les dice cómo deben actuar; Hollywood les dice que el cine son los transformers, vengadores y zombies; o Mark Zuckerber y les invita a que cuenten lo que están haciendo las 24 horas del día; incluso hay un Mobile Congress, que “por solo 799 euros de entrada te pone al día”.

Y el problema no está en las herramientas porque estos iPads, tabletas o las app son ingeniosas y, sin duda, útiles en muchos casos -porque yo me sumo a la comunicación en todas sus fórmulas-, el problema está en lo que podría ser “el letargo cerebral“ y que toda esta plasticidad neuronal que tiene nuestra juventud reste la capacidad de conocerse mejor, pensar antes de actuar, racionalizar, aprender otras cosas; o peor, que la tecnología “mate” la curiosidad, porque entonces nos encontramos con gente que funciona como un “zombi-robot” obediente a los mandatos del sistema o de las redes, pero incapaz de recuperar su voluntad de decidir y cuya consecuencia en el mundo laboral les convertirá en puros especuladores de “tendencias”, aplicadores de unas metodologías que les vienen dadas y muy poco capaces de liderar nada que no sea individualismo y, por tanto, inútiles para buscar el progreso al servicio de la gente que contribuya a mejorar el mundo, pues su compromiso es nulo.

Hay algo muy cierto que los docentes vemos y vivimos en nuestra experiencia diaria, y es que todo lo que significan los avances técnicos, la digitalización y la apertura de mente, todo eso es bueno.Pero, cuidado con la parte perversa de nuestro marketing, de nuestro consumismo, del atentado constante a la naturaleza, porque todo lo que es malo y no aporta valor, la tecnología lo hace peor.

Miquel Bonet

Abogado, profesor, autor de “Búscate la vida”