La muerte de Simone Veil ha conmocionado a toda Francia, repentinamente recogida y unida (a excepción del Frente Nacional) en torno a esta mujer de singular trayectoria”. (Guy Sorman)

Con motivo del fallecimiento de Simone Veil, la primera presidenta del Parlamento Europeo y una de las personalidades más influyentes del siglo XX, el analista y politólogo Guy Sorman  nos recuerda (1) que en Francia el culto a las heroínas es una práctica antigua que se remonta a Juana de Arco, ora de izquierdas porque “había salido del pueblo”, ora de derechas “porque era católica”. Siglos después, los dirigentes de la Revolución francesa reconvirtieron una iglesia en construcción, renombrándola Panteón, e inscribiendo la dedicatoria: “A los grandes hombres, la Patria agradecida”. Dado que en la lengua francesa clásica la forma masculina es neutra (un gran hombre puede ser una gran mujer), no hay que excluir que quienes cuestionen esta neutralidad revisen el frontispicio e inscriban en él: “A los grandes hombres y a las grandes mujeres, la Patria agradecida”. En cualquier caso, el nombre de Simone Veil se une al de Marie Curie, premio Nobel de Física y al de Germaine Tillon, antropóloga y miembro de la Resistencia, en este Panteón bajo cuya cúpula descansan Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Alejandro Dumas (pero no Albert Camus, cuya familia lo rechazó), el Abate Grégoire, que abolió la esclavitud; René Cassin, redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; Jean Monnet, que basó la Unión Europea en el libre comercio…

Pero si queremos ahondar en el perfil político y humano de Simone Veil -superviviente del Holocausto, judía de raza que no de religión-, nada mejor que releer Una vida (2), autobiografía en la que se muestra libre, vehemente, serena, desde la perspectiva de una singular carrera política que se inicia con su nombramiento como ministra de Sanidad y su defensa de la ley que autorizaba el aborto hasta su designación como primera presidenta del Parlamento Europeo, suscitando una inmensa pasión a favor y en contra, pues fue capaz de llevar a cabo reformas de izquierdas con gobiernos de derecha. La vigencia de muchos de sus ideales nos invita a recordar su análisis profundo de una sociedad quejumbrosa y acomodaticia que lo fía todo al “Estado providencia’’.

Hoy, sin embargo, procede resaltar su compromiso con las víctimas del Holocausto (“De Auschwitz nunca se sale del todo”, solía decir), desde la perspectiva de los poderes públicos. En tal sentido, Francia, el 16 de julio de 1995, por boca del entonces presidente de la República, Jacques Chirac, levantó acta de la complicidad del Estado en los crímenes contra los judíos que vivían en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, afirmando lo imprescriptible de la deuda contraída a tales efectos. Se trataba, pues, de un acto valeroso, pues jamás, en el pasado, el Estado había admitido su responsabilidad en tales hechos.

En la línea de sus compromisos anteriores, el presidente de la República rindió homenaje a los 2.725 Justos de Francia que dieron cobijo y salvaron de una muerte cierta a numerosos judíos durante la guerra. La propia Simone Veil descubrió en la cripta del Panteón una placa conmemorativa en la que se puede leer: “Bajo la capa de odio y nocturnidad caída sobre Francia en los años de ocupación, millares de luces se negaron a apagarse”.

Miguel Fernández de los Ronderos

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(1) ABC: 17/07/2017

(2) Ed.Larousse  (Le livre de poche)