La renta agraria, según los datos provisionales que manejamos, subió en Andalucía en 2017, un incremento del 1,8% con respecto a 2016 para continuar una línea ascendente y alcanzar ya los 9.622 millones de euros. La cifra, aunque huimos de la autocomplacencia, es importante y da muestras del enorme potencial de nuestro tejido agroalimentario, máxime si se tiene en cuenta que se produce en un contexto de dificultades, bajo una coyuntura que invita, precisamente, a sostener que no hemos tocado techo y que, en los próximos años, podremos seguir generando más valor, más riqueza y, por tanto, más oportunidades. Tenemos razones para ser optimistas, muchas, porque son muchas las fortalezas, como el potencial exportador que nos hace llegar a cada vez más mercados, nuestra diferenciación por la calidad -que va más allá de la seguridad alimentaria- o la permanente apuesta por la innovación y la diversificación.

El sector agrario es, en definitiva, un motor social y económico incuestionable de nuestra comunidad autónoma, tanto que se ha erigido en un foco de resistencia en los duros momentos de crisis que hemos sufrido y ha sabido, incluso, sacar músculo en forma de un mayor valor de producción (12.787 millones de euros, un 1,7% más) y de unas exportaciones que no dejan de batir récords tras siete años consecutivos de crecimiento (más de 8.300 millones hasta septiembre, un 12% más). Y en ese camino va a tener, como siempre, a la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural como compañero de viaje. Lo estamos haciendo poniendo todos los recursos a su alcance, con nuestra firme voluntad de que los recursos incidan cuanto antes en el territorio. No en vano, hemos puesto ya a su disposición más de 1.300 millones, lo que equivale al 71% del presupuesto que gestionamos del Programa de Desarrollo Rural (PDR) de Andalucía, a falta aún de seis años para su finalización.

Impulsamos la competitividad y la internacionalización. Solo este año hemos convocado unos 229 millones de euros a través de líneas como las de los Grupos de Desarrollo Rural, la mejora de regadíos, la novedosa ayuda agroambiental de invernaderos, la modernización de industrias o la promoción de productos de calidad. Un montante al que hay que añadir los 40 millones que vamos a aportar a las entidades locales y otros 10 más que recibirán las comunidades de regantes para la mejora de caminos rurales, todo en un curso en el que hemos ampliado los presupuestos inicialmente previstos para las convocatorias de ayudas a industrias, modernización de explotaciones e incorporación de jóvenes a la actividad agraria, y en el que la pesca y la acuicultura han contado con más de 38 millones mediante las líneas de comercialización, transformación y promoción para el fomento de la pesca sostenible y para el desarrollo sostenible de la acuicultura.

No bajaremos el ritmo. El año ha sido muy productivo. Hemos aprobado normas estratégicas como el I Plan de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres en la Actividad Agroalimentaria y Pesquera de Andalucía, el Plan Director de las Dehesas y el Plan de la Agroindustria Andaluza, y han visto la luz decretos importantes como el de Entidades Asociativas Prioritarias Agrarias o el de Acuicultura.

Pero seguiremos en 2018, un curso en el que será una realidad la Ley de Agricultura y Ganadería y en el que defenderemos la Política Agrícola Común (PAC) que queremos a partir de 2020, que cuente con un presupuesto fuerte que la afiance como un pilar de apoyo a la renta de agricultores y ganaderos y que reconozca la diversidad de nuestras producciones. La investigación y la formación, a través del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (Ifapa), y la bioeconomía van a seguir siendo otras de nuestras constantes.

Rodrigo Sánchez Haro

Consejero de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural