Definimos como referentes a personas que ejemplarizan con su conducta unos valores e influyen de forma positiva en la conducta de los demás. Si damos una vuelta por el panorama nacional o internacional, nos encontramos con pocos referentes en ámbitos económicos, políticos, sociales, empresariales y culturales. Nuestra sociedad líquida y de la post-verdad hace difícil que emerjan estos referentes, ya que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones, ya que “algo que aparenta ser verdad es más importante que la propia verdad” (Caro, 2016).

Una sociedad sin referentes, una sociedad sin tensión moral, es una sociedad huérfana de testigos vivientes de un estilo de vida que nos permita ser mejores. Podremos tener líderes que, con su visión y energía, impulsan nuestra sociedad en torno a un proyecto común, pero necesitamos referentes. Podemos ser mejores pero, ¿queremos serlo?

En España somos líderes en recibir estudiantes Erasmus. Los alumnos vienen unos meses a recibir sus clases y a disfrutar de la cultura y nuestro modo de vida. Les atrae lo que nosotros quizás no valoramos suficientemente. Por el contrario, pocos son los estudiantes europeos y de otros lugares del mundo que vienen a estudiar a nuestros campus universitarios un grado, un máster, una especialidad… Nuestras universidades trabajan por estar en los rankings mundiales. Es todo un reto mantenerse, el mundo se mueve muy rápido y en muchas direcciones.

Si nos fijamos en el ámbito universitario español destacar que sólo un 2,8% son alumnos extranjeros. El Reino Unido cuenta con un 17%, y eso a pesar de que nuestra lengua es la lengua oficial de muchos países y suma cerca de 400 millones de personas que la hablan en el mundo, además de millones de estudiantes de español. ¿Por qué no somos un referente al menos para estos alumnos hispano hablantes?

Si queremos ser significativos en un mundo globalizado tenemos que seguir cuidando más este perfil de nuestros centros universitarios. Es una prioridad a corto, medio y largo plazo que nuestras universidades sean receptoras de estudiantes de otros países que quieran formarse por su calidad y por el prestigio de estudiar en ellas. Ese es nuestro reto y, para ello, necesitamos seguir estando entre los mejores, para ser referente a nivel mundial, al menos, en aquellas áreas en las que estamos mejor posicionados: Medicina, Ciencias, Computación, Matemáticas, Física y Química. Aprovechando mejor el estar por encima de la media de la Unión Europea respecto a población con estudios universitarios y, muy especialmente, en los estudios que cursan una tercera parte de los alumnos: Ciencias Sociales, Administración y Dirección de Empresas y Derecho, aunque menos técnicos o tecnológicos pueden propiciar e impulsar una sociedad más abierta, emprendedora, innovadora e inteligente, nos queda tarea.

Como nos recuerda el profesor Torralba, el futuro de una sociedad depende “de los hombres y mujeres del presente, de la capacidad de proponerse nuevos horizontes y de perseguirlos a lo largo del tiempo”. Por ello, necesitamos personas de carne y hueso que sean referentes para que su voz moral sea oída y reconocida, quizás, en un mundo marcado por la inmediatez y por una cultura visual instantánea y, al mismo tiempo, efímera. Ello entraña mucha dificultad, pero si difícil es que existan estos referentes, es quizá más difícil reconocerlos. Por ello, es una tarea a realizar con urgencia, tienen que ser reconocidos a nivel social para que puedan ser imitados, ser un ejemplo a seguir. Una sociedad sin referentes, una universidad sin referentes, una sociedad sin universidades de referencia acaba siguiendo otros referentes ajenos a su cultura y realidad social, termina imitando otros modelos y no siendo fiel a sus raíces, a su vida, a su identidad.

Donde no hay confianza no hay desarrollo inteligente. Construir espacios de confianza, de referencia es vital para el futuro. Por ello, la supervivencia de un organismo, como indica R. Revans, “depende de que su tasa de cambio sea igual o mayor a la del entorno”. Dos personajes históricos separados por varios siglos, Leonardo da Vinci y el Papa Francisco, nos dan la clave para avanzar y dar espacio a los referentes, pues “no estamos ante una época de cambios; estamos ante un cambio de época”. Ello nos mueve a buscar y encontrar referentes que nos ayuden a caminar en este tiempo nuevo que ya estamos viviendo.

Enrique Belloso Pérez

Director de Relaciones Institucionales y Comunicación de CEU Andalucía