La inclusión social y la sostenibilidad ambiental son dos aspectos destacados en los acuerdos de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Pero sin la integración, a nivel trasnacional, a gran escala de economías y de la producción es muy complejo conseguir estos objetivos. Es necesaria una mayor coordinación bancaria, no hablo de concentración, sino de una tarea de conjunto, también empresarial, pero hay que ganar volumen, abriendo espacios a la innovación y a la responsabilidad social en nuestros entornos económicos y sociales.

Sabemos cuáles son los grandes problemas que tenemos que ir solventando, entretejiendo recursos y medios para que crezca la calidad de vida de nuestros países. La energía, el agua y los alimentos, están, junto con un adecuado marco de financiación e inversión, en la base de la pirámide, así como el compromiso claro por el emprendimiento, por la creación de empresas que apuesten por la sostenibilidad de relaciones y de procesos. En el vértice está la ética de los negocios, de las relaciones. Sin una franca colaboración y cooperación entre los diversos stakeholders: administraciones, empresarios, trabajadores, investigadores…, vana será la tarea, se estarán parcheando situaciones y generando nuevos problemas.

En la Unión Europea, a pesar de sus problemas actuales, que de una u otra forma tienen que ver con su identidad, todavía quedan reflejos para recomenzar un proceso que de valor a la consolidación de una fructífera relación entre los diversos actores políticos, económicos y sociales.Solo hay que aplicar el ya clásico adagio “actúa localmente, piensa globalmente”. El modelo de la Unión Europea sigue siendo válido, hay un camino recorrido, unas experiencias que contar y poner en valor, aquí y más allá de nuestras fronteras. Sin lo local regional no es posible entender lo global, es una entelequia, una quimera.

Mirando hacia algunas zonas de Asia actualmente en expansión, vemos cómo las fronteras cuasi desaparecen en beneficio de grandes conurbaciones urbanas que recorren como un dragón alado ciudades, regiones y países. Esto no sería posible sin una economía donde interactúen oferta y demanda, colaborando. Parece difícil de alcanzar, pero tenemos ya algunos ejemplos de éxito, de saber hacer.

El futuro es incierto pero previsible. Pensemos en los grandes tránsitos migratorios actuales, si alejamos la lente del problema que nos angustia, al mismo tiempo que nos avergüenza, mirando el mundo desde alguno de los satélites que circundan nuestro planeta azul, vemos con más claridad lo que ocurre, los flujos migratorios avanzan a distintas velocidades del sur al norte. Un sur con mucha población joven, y un norte envejecido, un sur con nuevos mercados y un norte con grandes avances tecnológicos. Solo entendiendo estas dos realidades globalmente se puede actuar localmente, porque las soluciones están en nuestro entorno. Pero para lograrlo, ambas realidades necesitan que los recursos y los medios se entretejan, no hay otro camino, de lo contrario los problemas crecerán y se harán insostenibles.

Las iniciativas que crean oportunidades con alto valor añadido y lo comparten, beneficiando a la empresa y a su entorno social, generan nuevos espacios de relación y nuevas formas de colaborar entre todos los actores, desde los empleados y los inversores, hasta clientes/usuarios y consumidores en general. Apostar por el cambio beneficia siempre que se predique con el ejemplo, para eso hay que saber escuchar y saber actuar, esa es la clave de bóveda del momento actual.

Enrique Belloso Pérez  | Director de Relaciones  Institucionales y Comunicación de CEUEnrique-Belloso-Perez-384x253 Andalucía