Maurice Lacroix nació en 1975, durante un periodo en el que los relojes electrónicos estaban experimentando un auge de popularidad. La marca, radicada en el cantón suizo del Jura, se estableció en plena crisis del cuarzo, cuando se produjo una caída en la demanda de relojes mecánicos convencionales. Sin embargo, en 1983-84, Maurice Lacroix comenzó a adquirir movimientos mecánicos históricos o poco comunes, que habían dejado de fabricarse hace mucho tiempo. Estos calibres, auténticas joyas mecánicas de la edad de oro de la relojería, se restauraron para recuperar su antiguo esplendor.

En 1992, Maurice Lacroix lanzó el reloj Cinq Aiguilles, un reloj singular debido a sus cinco agujas montadas coaxialmente. Éste fue el primer reloj en llevar el nombre Masterpiece, anunciando así una colección que daría luz a relojes verdaderamente innovadores.
Maurice Lacroix fue pionera durante esta época, apostando por complicaciones accesibles en un momento en el que los relojes mecánicos parecían haber caído en desuso. Los modelos con el nombre Masterpiece gozaban de un estilo propio y unas complicaciones que destacaban del resto. Por otra parte, la marca adoptó los criterios más exigentes en cuanto a los acabados de la caja y las piezas de los movimientos. Esta estrategia permitió comercializar unos relojes mecánicos de gran belleza a un precio asequible.

A finales de la década de 1990, Maurice Lacroix se centró en la fabricación de una gama de relojes realizados a mano. La estrategia consistía en crear módulos de complicación exclusivos, combinados con movimientos mecánicos de la máxima calidad, permitiendo a la colección Masterpiece trazar su propia senda. De hecho, fue este planteamiento lo que condujo a la creación de las peculiares fases lunares, y las excepcionales indicaciones retrógrada y doble retrógrada, todas ellas muy singulares para la época. La compañía creó incluso un reloj esqueletizado, estéticamente muy impactante. Estos relojes acabarían convirtiéndose en productos emblemáticos, creados para resultar visualmente llamativos y romper con los cánones mecánicos de la época. En 2006, Maurice Lacroix tomó una audaz decisión al crear el primer calibre diseñado y fabricado íntegramente en su histórica manufactura, situada en la localidad de Saignelégier. Este movimiento, desarrollado bajo la denominación de Chronograph ML106, allanó el camino para la elaboración de 14 calibres, manuales o automáticos, con o sin complicaciones, pero siempre exclusivos.

Después de apostar por la innovación y respetando las tradiciones de la relojería suiza, la vanguardista marca relojera Maurice Lacroix apostó también por la originalidad, ofreciendo nuevas formas de representar el tiempo, a través de diseños divertidos y originales.
Estos relojes siguen siendo únicos y poseen la habilidad de sorprender, un rasgo intrínseco de la marca Maurice Lacroix. De hecho, la colección Masterpiece debe en parte su fama a la originalidad y gran legibilidad de sus esferas.

Entre sus diseños más creativos se encuentran la rueda cuadrada de 2010, con su característico sistema de engranajes cuadrados, y el increíble mecanismo del Mysterious Seconds de 2013.

En 2014, Maurice Lacroix revolucionó las convenciones relojeras con el lanzamiento del Gravity, un reloj con un movimiento invertido que exhibe sus componentes de silicio a través de la esfera. Al explorar siempre nuevos límites con su colección Masterpiece, Maurice Lacroix ha sabido subir el listón de sus competencias relojeras. Además, la experiencia adquirida en la producción de la colección Masterpiece se plasma también en las demás colecciones de Maurice Lacroix.

En la actualidad, el espíritu de la colección Masterpiece permanece muy presente. Relojes como el Double Retrograde y el Masterpiece Skeleton de 2017 hacen honor a la reputación de la marca por su excelencia mecánica, y ponen al alcance de los usuarios unas especialidades relojeras de gran valor que combinan una fabricación y unos acabados de alta calidad a un precio asequible, lo que las hace accesibles a un amplio sector de la sociedad. El lema “El éxito es un camino, no un destino” dice mucho de Maurice Lacroix. Refleja una manera de hacer las cosas que busca deleitar y emocionar, no solo satisfacer una simple necesidad. La marca del Jura siempre ha superado y sigue superando las expectativas de los coleccionistas de relojes. Poseer un Masterpiece de Maurice Lacroix no es una finalidad en sí, sino una etapa en la vida del coleccionista, una persona que sabe apreciar un reloj mecánico bien hecho.

El eslogan “Su tiempo ha llegado” cobra así relevancia, poniendo al alcance de todos, los momentos de placer intenso y personal asociados al hecho de ser propietario de una de las obras maestras de Maurice Lacroix.