“Un diseñador con inquietudes”. Así se describe Manuel Fernández, fundador de Fashion Art Institute, una propuesta que plantea un trabajo conjunto entre el arte plástico y el diseño de moda, en el que ambos lenguajes se articulan y aúnan para crear un vestido que, en sí mismo, es una auténtica obra de arte.

Desde sus inicios, Fernández fue una gran promesa de la moda. Destacó desde muy joven ya que, tal y como comenta, “siempre intenté no ser uno más, sino ser un diseñador un poco especial”. En el año 1985 se unió al equipo de Gaudí Mujer. Posteriormente, desde 1985 a 1992, creó una empresa en Barcelona, Trazos, con la que estuvo desfilando siete años. Y en 1992, decidió cambiar el rumbo de su vida y creó una empresa de alquiler de vestuario para famosas. Situada en la Gran Vía de Madrid, adquirió un showroom de 600 metros con un taller propio donde desarrollaba sus colecciones y contaba también con colecciones de otros diseñadores. Se encargaba del vestuario de series de TV, obras de teatros y películas de cine… y alcanzó un vínculo muy estrecho con diversas cantantes y actrices. “Fue una época muy divertida de mi vida y fue un negocio rentable”, relata. Aun así, durante este tiempo, nunca abandonó los desfiles y cada cierto tiempo sorprendía con sus propuestas en Cibeles, Milán o el Círculo de Bellas Artes, entre otros.

Pero, tal y como explica Fernández, “las etapas son cíclicas y cada ocho o diez años necesitas un MANUEL FERNANDEZcambio. Quería volver a mis inicios”. En ese punto, en el que buscaba hacer algo internacional, de una manera casi casual, a través del representante de Jeremy Irons, desfiló en la pasarela de Punta del Este (Argentina) en 1998. Allí conoció a un diseñador americano que le animó a probar suerte en Nueva York y nada más mandar su propuesta fue aceptada. Empezó a desfilar en la reconocida Semana de la Moda. Y justo en ese momento, entre Punta del Este y los cinco años que pasó en Nueva York, surgió el proyecto de Fashion Art como un hobbie. Concretamente, fue tras un desfile en el Círculo de Bellas Artes. “Había un vestido de novia que no me gustaba y le dije a un pintor que lo pintase. Todo ello acabó en un movimiento que es lo que es ahora mi vida”, porque, actualmente, Fernández se dedica por completo a Fashion Art.

La primera colección de Fashion Art tardó en ver la luz cinco años porque lo combinaba con otras actividades. En Nueva York conoció a Manolo Valdés, artista que -subraya- le dio fuerza al proyecto. “A partir de ese momento, Valdés me dio la seguridad y le dio fuerza y confianza a Fashion Art. Desde el primer minuto, siempre busqué que fueran artistas contemporáneos, consagrados y potentes, por lo que contar con Valdés fue muy importante para el proceso de desarrollo de Fashion Art”, reconoce.

Fusión entre moda y arte: ¿Ciencia ficción?

“Hablar de la fusión de moda y arte era ciencia ficción en aquel instante. Es verdad, que en otros momentos, el mundo de la moda y el arte sí que había contado con esas fusiones. Es el caso de Picasso o Dalí. Esos artistas se implicaban en el mundo del arte a través de las escenografías de los teatros, ballets… Pero hubo un momento en el que se quedó todo en stand by. Yo, sin quererlo, cogí ese stand by y lo hice mío. Todo fue muy espontáneo y natural”, comenta.

la foto 2Cuando Fernández reunió 50 trajes, expuso la colección en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Fue todo un éxito. Inicialmente iba a estar dos meses, pero se prolongó hasta medio año y contó con más de 300.000 visitantes. A partir de ahí, fue haciendo una ruta por Latinoamérica: Chile, Uruguay, México… La experiencia argentina también fue el hilo conductor para años posteriores. Cada vez que Fernández iba a un país convocaba a los artistas locales más potentes con el fin de que la colección de Fashion Art se incrementase y fuera más propia de las instituciones, museos y artistas del lugar. De este modo, no se trata de una exposición estática y cerrada, sino que, a medida que recorre ciudades y países, va creciendo con la incorporación de nuevos artistas locales y el resultado es que se trata de una exposición que siempre es nueva. “Hace poco estuve en Cuba y se sumaron 12 artistas. En Paraguay otros tantos más. Además, allí incorporé un movimiento artístico que hice con grafiteros en los escaparates de un edificio maravilloso de Correos”, indica.

Cuando iba a una nueva ciudad, Fernández buscaba talleres locales, pero en sus dos últimas exposiciones, en Paraguay y Puerto Rico, acudió a las universidades para que los alumnos confeccionasen los trajes. “Esa fórmula es la que más me apasiona actualmente. Es muy potente y, de alguna manera, es un ejemplo que quiero seguir en otras universidades locales de cada país”, afirma.

En 2010 decidió traer parte de la colección a España. Empezó en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y, posteriormente, ha hecho diferentes exposiciones donde se han ido sumando artistas locales de cada ciudad.

Europa: 28 países, 28 piezas…

Y en Europa, hace aproximadamente tres años, el diseñador hizo un proyecto junto al Parlamento Europeo: una colección Fashion Art con los valores de la UE. Para ello, invitó a 28 artistas, uno de cada país. “El resultado fue espectacular, pero fue un gran reto, ya que cada uno era de un país con un idioma diferente y requería de una gran organización”, explica. Se expuso en el Parlamentarium, en Bruselas, donde estuvo seis meses y tuvo más de 500.000 visitantes. “Como además siempre dejo fotografiar la exposición, tiene mucho éxito en redes sociales. No soy amigo de que las exposiciones no se fotografíen. Tienen más difusión de este modo aunque son fórmulas de cada museo”, apunta.

Fashion Art: idéntica esencia. Gran evolución

Y es que, desde el año 1998, Fashion Art ha evolucionado mucho. “La esencia es la misma”, recalca Fernández. “Diseño un traje blanco inspirándome en la obra de una artista y se lo doy cosido salvo la parte de atrás, que dejo abierta. El artista lo pinta, interviene y cuando me lo devuelve, compruebo si IMG_9075hay que hacer un cambio o añadir algo”, detalla, reconociendo que “tengo claro lo que me gusta de cada artista, pero normalmente no hablo de lo que quiero para no coartarle y darle toda la libertad, ya que el traje puede inspirarle otra cosa”.

Pero Fashion Art va mucho más allá. A través de este movimiento se crean talleres de capacitación y formación destinados a colectivos en riesgo de exclusión social en el propio museo. “Dependiendo de los colectivos más afectados, voy desarrollando unos talleres u otros. Les doy herramientas para que piensen y saquen su creatividad, tanto a nivel textil como artístico. Para ello, siempre me apoyo en un artista plástico local. Yo dirijo más la parte de moda y el artista, aquella más relacionada con los colores y las formas. Habitualmente, se hace una visita guiada por el museo. Posteriormente, cada persona elige un traje, doy unas plantillas para que lo diseñen y luego pasamos a la parte de taller en el que pongo vídeos que explican qué es Fashion Art. Son talleres cortos, de un día o dos, y tienen una acogida excelente”, explica Fernández. Al preguntarle por alguno del que guarde un recuerdo especial, rememora uno reciente en Puerto Rico con reclusas de una cárcel. “Fue espectacular el buen rollo que había, una experiencia muy chula”, añade.

Moda reciclada

En base a este proyecto, el diseñador contactó el verano pasado con la Fundación FDI del Fomento para el Desarrollo y la Integración, que trabajaba con presas e invitó a 23 famosas a que le dieran ropa IMG_4148 2en buenas condiciones pero en desuso. Esa ropa la llevó a la cárcel e hizo un taller de costura. “La intención era que aprendieran que de una prenda pueda surgir otra, te obliga a pensar como poder reutilizarla”, señala. Posteriormente, hicieron una presentación de esos trajes en la cárcel. “Me llevé maniquíes y formamos un show”, relata. A raíz de ello, “surgió otro proyecto de reciclaje en el que ya no trabajamos sobre blanco, sino que trabajamos sobre texturas y eso era muy, muy complicado. Junto al diseñador sevillano Tolentino hicimos en la cárcel un taller de sombreros y tocados”. A partir de este proyecto, Fernández desarrolló un desfile en la Embajada de Francia en el que hizo una sesión de fotografías con el artista Omar Ayyashi. Se hizo una subasta solidaria y se han vendido los trajes y las fotos de Omar. “No estaba previsto cuando empezó el proyecto que todo se desarrollase así. Las cosas no salen solas, las vas buscando, pero también se facilitan, o la vida nos la fue facilitando también por los contactos y por la seriedad del proyecto”, matiza.

Actualmente, Fernández está centrado en un proyecto “muy interesante” dentro del mundo del reciclaje y del arte pero con otros soportes. “Lo que he ido aprendiendo con Fashion Art es que la base importante del soporte es el textil, pero hay otros soportes textiles que no son trajes pero que pueden ser muy interesantes. Ahora, estamos en ese momento de investigación, ¡que no es fácil! Será la primera vez que salgo un poco de la línea, pero con coherencia. Este consejo me lo dio Valdés cuando IMG_0788comencé con Fashion Art. ¡Si quieres que te identifiquen con algo tienes que ir siempre en esa línea!”, recuerda.

Además, el diseñador siempre ha dado mucha importancia a la imagen. Así, en Puerto Rico organizó su primer Fashion Film con Fashion Art. “La exposición era muy bonita y pensé si no había imagen de video, se perdería. Era una forma de mantenerla en el tiempo”, comenta. Para ello, fue a la universidad y, junto a cuatro alumnos de la escuela especializados en cine, creó una historia “muy chula”. El vídeo alcanzó  un Emmy.

También en Cuba ha hecho un proyecto audiovisual junto a Benicio del Toro, Imanol Arias, Victoria Abril y Jorge Perugorria. “Nos ha quedado espectacular y lo presentamos en julio en el Festival Internacional de Cine de Gibara (Cuba)”, subraya, apuntando que “también los mejores fotógrafos españoles están colaborando conmigo actualmente: Amadeo Iguana, Eugenio Recuenco y Omar Ayyashi”.

Y es que la innovación es una de las cualidades que destacan en la obra de Fernández. Un ejemplo de ello es el último proyecto que ha realizado junto a Alfonso Cruz bajo el título ‘Save The Posidonia Formentera 2017’. “Diseñé unos trajes con ojos de buey elaborados con plástico para dar ese aspecto marino como si estuvieras dentro de un submarino y Cruz pintó los trajes. Gemma Mengual posó con ellos debajo de agua y realizamos un vídeo submarino con Mengual y Cristina Piellet. Era todo un reto que se pudieran mojar. Para ello, los vestidos tenían un tratamiento especial que le da a la tela el artista. Solo hay tres artistas en el mundo que lo hacen”, explica Fernández.

300 piezas bajo un mismo hilo conductor

Actualmente, Fashion Art cuenta con “300 obras cuyo soporte es un vestido bajo un hilo conductor que son mis diseños”, destaca Fernández. Con respecto a la cifra, indica que se ha frenado. “Podría tener las que quisiera, pero digamos que no invitamos a ningún artista hasta que no hay un proyecto o una exposición concreta. Si no tuviera ese control, la colección perdería interés, y este interés se debe a la calidad de estos artistas”, comenta. Desde un punto de vista internacional, Fernández también está trabajando con el fin de impulsar el movimiento Fashion Art en África, concretamente con Zimbabue; y en Asia. Qué duda cabe que una de las singularidades de Fashion Art reside “en su carácter vivo y en continuo desarrollo”.

María Cano Rico