Lucia di Lammermour
de Gaetano Donizetti (1797-1848) – 26 y 29 de octubre, 1 y 4 de noviembre, 2018
Dirección musical: Renato Baldasona
Dirección de escena, escenografía y vestuario: Filippo Sanjust
Reposición de la puesta en escena: Gerlinde Pelkowski
Director del Coro y de banda interna: Íñigo Sampil
Iluminación: Juan Manuel Guerra
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
Director artístico y musical: John Axelrod
Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza
Producción: Deutsche Oper Berlin
Elenco vocal: Vitaliy Bilyy, Leonor Bonilla, José Bros, Manuel de Diego, Mirco Palazzi, María José Suárez, Gerardo López.
Patrocinado por Fundación BBVA

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Apoteósica presentación de la soprano sevillana Leonor Bonilla

El personaje de Lucia de Lammermour (La novia de Lammermour en el título literario), representante por excelencia del repertorio para soprano coloratura, exige intensidad dramática, aunque en toda la historia del arte lírico del siglo XIX no hay, al parecer, obra que tanto se haya apartado de su versión original. Al propio tiempo, hay que señalar que la principal cualidad romántica de sir Walter Scott era su afición por el pasado, por la Edad Media y por los días de la ‘andante caballería’. Su profundo conocimiento de su país, Escocia,  le permitió convertir elementos reales en leyendas impregnadas de carácter romántico. Scott se distinguió de los poetas lakistas  por su espíritu marcial y por su afición a describir escenas bélicas y heroicos combates cuerpo a cuerpo.

En todo caso, había auténtica expectación (aforo completo) para asistir al debut de la joven soprano sevillana Leonor Bonilla, que recogía el testigo de su antecesora Mariola Cantarero- en un rol representativo por excelencia del más puro belcantismo y  cuyo peso dramático supera incluso las posibilidades puramente técnicas, todo ello sin olvidar que en toda la historia del arte lírico del siglo XIX no existe, al parecer, obra que tanto se haya apartado de su versión original. Indudablemente, el paso por el ballet y el Coro del Maestranza no ha hecho sino potenciar la capacidad técnica y el temperamento artístico de nuestra joven cantante y nada desdeñable actriz, totalmente identificada con un personaje que se mueve entre la pasión y la histeria, con sus mil y una peripecias amorosas y sus arrebatos pasionales. A este respecto, parece ser que Donizetti no escribió ninguna cadencia para la escena de la locura –maravillosamente resuelta por la joven soprano sevillana- sino que se limitó a indicar el lugar donde la intérprete podía, en caso de desearlo, insertar una. Al éxito de Leonor Bonilla –la gran esperanza de la lírica española, tanto por sus inmensas facultades líricas  como por la amplitud del repertorio- se suman  José Bros, que conserva un hermoso volumen; Manuel de Diego, excelente profesional; el bajo Mirco Palazzi, algo  opaco;  Vitaly Billyy, escasamente persuasivo como Lord  Asthon, y la mezzo María José Suárez, en el personaje de Alicia … En opinión de algunos amantes del belcantismo, la elevada tesitura que se le exige al barítono en el famoso dúo crea un clima de lirismo inhabitual, pero totalmente en armonía con la juventud y la impetuosidad de Lord Asthon.

Al éxito de la velada lírica contribuyeron la ROSS, con la destacada participación de la arpista Daniela Iolkicheva  y la dirección de Renato Balsadonna, junto al espléndido Coro de la AAM, dirigido magistralmente por Íñigo Sampil. Una puesta en escena, ‘convencional’, si así se la considera, obró el prodigio de sumergir al espectador en el drama amoroso y la pasión incontenida de los personajes. No siempre es así, produciéndose lo que Ángela Meade califica de  “dictadura de los registas”, por su poder absoluto de decisión sobre qué quieren y a quién quieren, aunque “haya puestas en escena en las que ni público ni cantantes entiendan absolutamente nada”. Lo que no es el caso de la presente producción de la Deutsche Oper Berlin, que logra introducirnos desde los primeros instantes en la atmósfera misteriosa del drama.

MFR

“A propósito de ‘¡Brava’!: Algunos espectadores-aplaudidores rematan sus muestras de entusiasmo con estentóreos ¡brava!, siguiendo el ritual políticamente correcto de la grey feminista. A este respecto, me permito recordarles lo que dice el DRAE: “¡bravo!, interjección usada para expresar aplauso”. Al no tratarse de un adjetivo (reses bravas, por ejemplo), carece tanto de femenino como de plural. Sí existe, en cambio, el término musical  bravura para indicar la interpretación en la que abundan las dificultades técnicas, que requiere una brillantez y virtuosismo que ponen a prueba la habilidad de un artista: “aria de bravura”. ¿Les suena?”

 

IN MEMORIAM PILAR RUIZ

El Teatro de la Maestranza dedica estas funciones de Lucia de Lammermour a la memoria de Pilar Ruiz, querida compañera quien, como encargada del personal de sala, dio un ejemplo de gran profesionalidad y atención al público. Honrados de su memoria, sus compañeros no la olvidan.