La figura de López Cobos – una de las grandes batutas  del siglo XX- nos  retrotrae a los años 80 del pasado siglo cuando el Teatro Lope de Vega organizaba un festival de otoño entre cuyos componentes de relevancia internacional (Maurice André, Jean-Pierre Rampal, I Solisti Veneti …) figuraba el director zamorano Jesús López Cobos quien, de la mano de la Titán de Mahler, nos iba a introducir en un mundo de sonoridades exuberantes y lenguaje absolutamente novedoso cuando no desconocido.

Discípulo de Franco Ferrara y Hans Swarowsky, López Cobos fue director del Festival de Primavera de Praga, actuando, posteriormente, en Venecia (La flauta mágica), debutando en San Francisco (Lucia de Lammermour), para continuar con Carmen en el Covent Garden, Adriana Lecouvreur en el Met neoyorkino, tras lo cual fue nombrado director musical de la Deutsche Oper de Berlín, lo que le llevó a dirigir El anillo por primera vez en Japón. Principal director invitado de la London Philarmonic Orchestra, director titular de la Orquesta Nacional de España y del Teatro Real (salpicadas de relaciones tormentosas en ambas instituciones), López Cobos fue nombrado director musical de la Sinfónica de Cincinati y, posteriormente, de la Orquesta de Cámara de Lausana.

Entre los numerosos testimonios de pesar publicados -la muerte se convierte en preciado avalista de virtudes no siempre reconocidas en vida-, me permito suscribir las palabras de Josep Pons, ex director de la ONE y buen conocedor de las miserias y servidumbres del oficio: “López Cobos no sólo fue un director de referencia, sino que además fue todo un caballero. Su trayectoria y su legado han dejado el pabellón de la música española muy alto. Siempre se lamentó de que hubiera sido en su país donde le tocó vivir los peores disgustos de su carrera: destitución como director de la ONE y su salida del Teatro Real.

Por encima de estas circunstancias y la incomodidad de las malas experiencias, “López Cobos ha sido, ante todo, un artista internacional que heredó las iniciativas pioneras de Argenta y el cosmopolitismo de Frühbeck de Burgos” (Glez.Lapuente). Dirigió las más grandes orquestas del mundo. La medalla de oro al mérito de las Bellas Artes y otros honores en Alemania, Francia y Estados Unidos refrendaron una carrera todavía pionera en España, país a cuya normalización musical contribuyó de manera indiscutible. La música española está de luto.

MFR